Keiko Fujimori, la heredera que busca romper la maldición de las segundas vueltas

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Durante muchos años, Keiko Fujimori ha vivido en un lugar que puede resultar incómodo para cualquier político: demasiado cerca del poder como para desaparecer de la escena política, pero al mismo tiempo demasiado lejos como para alcanzarlo. Tres veces llegó a la segunda vuelta presidencial. Tres veces estuvo a un paso de convertirse en presidenta de Perú. Tres veces perdió.

Ahora, a los 51 años, vuelve a intentarlo. ¿La cuarta será la vencida?

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2026-04-11 19:12 Keiko Fujimori y su cuarto intento por alcanzar la presidencia de Perú
2026-04-11 19:12 Keiko Fujimori y su cuarto intento por alcanzar la presidencia de Perú © France 24

La líder de Fuerza Popular va por una nueva elección con la posibilidad de romper una racha negativa que la convirtió en una de las figuras más persistentes de la política latinoamericana contemporánea. 

Para sus seguidores, representa el orden, la experiencia y la continuidad de un modelo que asocian con estabilidad y crecimiento económico. Para sus detractores, es la heredera de un proyecto político que nunca terminó de rendir cuentas por las violaciones a los Derechos Humanos durante la década de 1990, bajo el mandato de su padre, Alberto Fujimori.

La heredera del apellido Fujimori

Su historia política comenzó mucho antes de que se presentara a elecciones. 

Keiko Sofía Fujimori Higuchi tenía apenas 19 años cuando se convirtió en primera dama, luego de la separación de sus padres. Su madre, Susana Higuchi, había denunciado públicamente maltratos dentro del entorno presidencial. La crisis familiar terminó con una joven Keiko desempeñando un rol que ninguna otra mujer de su edad había ocupado en América Latina.

Durante seis años acompañó a su padre en actos oficiales, viajes y reuniones con mandatarios extranjeros. Mientras la mayoría de los jóvenes de su edad asistían a la universidad o daban sus primeros pasos en el mundo laboral, ella observaba desde cerca cómo funcionaba el poder.

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Para entonces, el apellido Fujimori ya era una marca registrada. 

Alberto Fujimori había llegado a la Presidencia en 1990 como un 'outsider' y rápidamente se convirtió en una de las figuras más influyentes de América Latina. Su gobierno derrotó militarmente a Sendero Luminoso y al Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, dos organizaciones armadas que habían llevado al país a una espiral de violencia. También logró controlar una hiperinflación que había devastado la economía peruana.

Alberto Fujimori

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Alberto Fujimori
© France 24

Pero el mismo gobierno quedó también asociado a prácticas autoritarias, casos de corrupción y violaciones a los Derechos Humanos. Tras abandonar Perú y exiliarse en Japón a finales del 2000, Alberto Fujimori fue condenado por corrupción y crímenes vinculados a la actuación de grupos paramilitares durante la lucha antisubversiva.

Esa mezcla de éxitos y condenas definió también la carrera política de su hija.

De primera dama a líder política: Fujimorismo 2.0

Tras estudiar Administración de Empresas en la Universidad de Boston y realizar estudios de posgrado en Estados Unidos, Keiko regresó a Perú en 2005. Al año siguiente fue elegida congresista y, cuatro años después, asumió la conducción del espacio político fundado por su padre, donde comenzó a construir su propio liderazgo.

Desde entonces la acompañó una pregunta que nunca terminó de responder: ¿era la continuadora del fujimorismo o estaba construyendo algo nuevo? 

Sus seguidores empezaron a hablar de una nueva etapa, de un "fujimorismo 2.0″ o incluso de un "keikismo". Sin embargo, nunca rompió con la figura de Alberto Fujimori ni renegó de su legado. Por el contrario, siempre defendió los aspectos centrales de la gestión de su padre y mantuvo cerca a dirigentes históricos del movimiento.

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Tres derrotas consecutivas

Su primera oportunidad presidencial llegó en 2011, cuando alcanzó la segunda vuelta y fue derrotada por Ollanta Humala. Cinco años después volvió a presentarse y perdió frente a Pedro Pablo Kuczynski por un margen mínimo. En 2021 protagonizó otra elección ajustada frente a Pedro Castillo. La diferencia final fue de apenas unas decenas de miles de votos.

Archivo: Fotografía cedida por el Poder Judicial del expresidente peruano Pedro Castillo durante un juicio el 4 de marzo de 2025, en Lima (Perú). El juicio oral iniciado contra Castillo por el intento de golpe de Estado en 2022 "no tiene precedentes en la historia de Perú", afirmó la fiscal Galinka Meza al presentar los alegatos de la acusación que pide que se impongan 34 años de prisión al exgobernante.
Archivo: Fotografía cedida por el Poder Judicial del expresidente peruano Pedro Castillo durante un juicio el 4 de marzo de 2025, en Lima (Perú). El juicio oral iniciado contra Castillo por el intento de golpe de Estado en 2022 "no tiene precedentes en la historia de Perú", afirmó la fiscal Galinka Meza al presentar los alegatos de la acusación que pide que se impongan 34 años de prisión al exgobernante. EFE – Poder Judicial de Perú

Las tres derrotas consecutivas habrían sido suficientes para retirar de la política a muchos otros dirigentes. Pero Keiko Fujimori no se rindió.

Mientras Perú atravesaba una etapa turbulenta de fragmentación política, ella continuó al mando de una de las estructuras partidarias más sólidas del país. Fuerza Popular conservó una amplia presencia en el Congreso y se transformó en un actor decisivo en la vida institucional peruana.

Precisamente allí radica una de las principales críticas hacia ella. Sus adversarios sostienen que el fujimorismo fue uno de los protagonistas de la crisis política que llevó a Perú a tener nueve presidentes en una década. Señalan el papel de su bancada parlamentaria en los procesos que terminaron con la renuncia o destitución de varios mandatarios.

Keiko niega las acusaciones y asegura que las decisiones adoptadas por su partido respondieron a mecanismos previstos por la Constitución y que la responsabilidad de las crisis fue de los propios gobiernos.

Investigaciones y polémicas

A las disputas políticas se sumaron los problemas judiciales.

La dirigente fue investigada por presunto lavado de dinero en el marco del caso Odebrecht, la trama de corrupción que salpicó a buena parte de América Latina.

Caso Odebrecht

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El caso Odebrecht, el mayor escándalo de corrupción en la historia reciente de América Latina.
El caso Odebrecht, el mayor escándalo de corrupción en la historia reciente de América Latina. © France 24

Pasó por prisión preventiva en dos tramos: trece meses entre octubre de 2018 y noviembre de 2019, y otros tres meses y medio a principios de 2020. En total, cerca de dieciséis meses detrás de las rejas.

El Tribunal Constitucional anuló el juicio en octubre de 2025 al considerar que los cargos centrales carecían de sustento jurídico. Un juez ejecutó el fallo y archivó el proceso en enero de 2026, semanas antes del inicio de la campaña.

La decisión despejó el principal obstáculo que enfrentaba para volver a competir, aunque Fujimori quedó imputada por cargos menores vinculados con declaraciones falsas ante organismos electorales.

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La apuesta por el orden

La campaña actual presenta algunas diferencias respecto de las anteriores. Es la primera que Keiko asume sin la presencia de su padre, fallecido en 2024. También es la primera después de varios cambios personales importantes, incluido su divorcio de Mark Vito, con quien tuvo dos hijas.

Pero, sobre todo, es una campaña marcada por un problema distinto en el país: la inseguridad.

El crecimiento de las extorsiones, los homicidios y el crimen organizado desplazó a la economía del centro de preocupaciones para muchos peruanos. Y Keiko Fujimori construyó su discurso alrededor de esa demanda social.

Promete combatir la delincuencia con mano dura, impulsar reformas en el sistema judicial y penitenciario y aplicar políticas inspiradas en el presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

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Al mismo tiempo, busca acelerar inversiones mineras, reducir trámites burocráticos y ampliar proyectos de infraestructura vinculados a la agroexportación.

Su apuesta es clara: convencer a los peruanos de que el país necesita autoridad, experiencia y capacidad de gestión.

Sin embargo, el principal activo de su candidatura sigue siendo también su principal lastre

El apellido Fujimori continúa movilizando adhesiones en amplios sectores del país, especialmente entre quienes recuerdan los años noventa como un período de recuperación económica y derrota del terrorismo. Pero ese mismo apellido provoca rechazo en millones de peruanos que asocian aquella etapa con autoritarismo y corrupción.

Keiko lo sabe. Y vuelve igual.

Con EFE, AFP y AP