El país suramericano llega a las elecciones presidenciales del domingo 31 de mayo con la necesidad de mejorar su desempeño económico, marcado por altos niveles de deuda pública y déficit fiscal, así como la desaceleración de la inversión extranjera. Pero con cifras más alentadoras en el plano social.
Un déficit fiscal y una deuda pública enquistados, un crecimiento económico en desaceleración y una inflación encaminada nuevamente al alza, pero con tasas de desempleo y pobreza en declive. Así se despide Gustavo Petro de la Presidencia de la cuarta economía de América Latina.
Colombia logró evitar una recesión durante el Gobierno actual, que inició en agosto de 2022, pero su crecimiento económico ha sido moderado y acompañado de presiones fiscales.
El producto interno bruto (PIB) aumentó un 2,6% en 2025, tras haber avanzado apenas un 1,5% en 2024, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane).
En 2021 registraba un crecimiento histórico del 10,6% y en 2022 del 7,5%, datos difícilmente comparables si se tiene en cuenta que el país -como muchos otros- experimentaba el efecto rebote de la drástica disminución de su economía después de la pandemia del Covid-19.
Los logros: menos inflación, desempleo, pobreza…
Hace cuatro años, Gustavo Petro recibió un país que trataba de recuperarse de la crisis pandémica. La inflación saltaba a más allá del 10%, el 11% de la fuerza laboral estaba desempleado y el 16% de la población sufría de pobreza multidimensional, que mide otros factores más allá del ingreso.
Según las cifras más recientes, la inflación se desaceleró al 5,8% en abril, aunque retomó la senda alcista; el desempleo se mantiene en un dígito y la pobreza en la medición nacional continuó ralentizándose en 2025 hasta el 9,9%.
Los retos: inversión, déficit fiscal, deuda pública, crecimiento…
Los logros sociales contrastan con las altas presiones económicas. “La inversión que era del 19% del PIB, este año es del 16%, la más baja en 20 años”, resaltó el exdirector del centro de pensamiento Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, hoy CEO de Lumen Economic Intelligence.
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La inversión extranjera directa mostró señales de debilitamiento durante el actual Gobierno, especialmente en sectores estratégicos como petróleo y minería, históricamente claves para las exportaciones colombianas y las finanzas del Estado.
El déficit fiscal, por su parte, se mantiene entre las principales preocupaciones de analistas y calificadoras internacionales. Palabras más, palabras menos, el déficit fiscal para un gobierno resulta de gastos superiores a sus ingresos, que provienen en gran parte de los impuestos. En Colombia, este indicador cerró 2025 en el 6,4% del PIB.
“Si bien el Gobierno anterior dejó una situación fiscal que no era la mejor, el actual no logró darle la vuelta a ese déficit que se ha mantenido sistemáticamente en alrededor del 7% del PIB”, agregó Mejía.
En el menú de opciones para un país en déficit figuran desde la reducción del gasto público, hasta un aumento en el recaudo vía más impuestos, pasando por una mayor emisión de deuda. Los candidatos a la Presidencia difieren ampliamente en sus fórmulas propuestas para saldarlo.
Con Reuters, EFE y medios locales
