Cuando hablo de crecimiento, no me refiero solo a la hipertrofia muscular; desde una perspectiva celular, se necesitan señales de crecimiento para cualquier tipo de regeneración o para que el sistema inmunitario produzca rápidamente suficientes células o anticuerpos para combatir eficazmente las infecciones. Por el contrario, si se suprime la actividad de mTOR, las células entran en modo de "mantenimiento": comienzan a eliminar componentes viejos y disfuncionales para tener suficientes elementos básicos que les permitan mantener su función. En otras palabras, si se interfiere con mTOR, ya sea con rapamicina o al no consumir suficiente proteína, para prolongar la vida del ratón, también se altera el sistema inmunitario y el funcionamiento del metabolismo.
Por eso el ejercicio es importante, activa el mTOR de formas distintas a las que proporciona una nutrición adecuada, por ejemplo, mediante la tensión mecánica en el músculo. Como probablemente ya habrás adivinado, esta activación se limita al tejido en actividad, generalmente el músculo. Por eso, las personas que hacen ejercicio tienen relativamente más masa muscular que las que no lo hacen, y por lo tanto, la combinación óptima de ejercicio y una dieta con suficientes proteínas y carbohidratos para el crecimiento muscular es la siguiente: simplemente se envían más señales al mTOR a la vez, activándolo de forma más eficaz.
Pero volvamos a la manía por las proteínas.
Proteína no es sinónimo de "saludable"
Muchos creemos que si un alimento lleva la etiqueta de "alto en proteínas", necesariamente debe ser saludable. Esto no es cierto; por ejemplo, la salchicha contiene bastante proteína, pero pocas personas la consideran saludable. De ahí provienen los resultados aparentemente contradictorios de todos los estudios que analizan la relación entre la ingesta de proteínas y nuestra salud.
Aunque no lo creas, depende mucho de con qué acompañes toda esa proteína. Al comer una barrita proteica, en realidad estás consumiendo un postre cargado de grasa y azúcar. Si la mayor parte de tu ingesta diaria de proteínas proviene de salchichas y hamburguesas, este cóctel químico tendrá un efecto muy diferente en tu salud que si consumes huevos o requesón. Es decir, la calidad importa, y los grandes estudios que vinculan una mayor ingesta de proteínas con diversos riesgos para la salud a menudo no distinguen este hecho desagradable de la realidad.
Las proteínas en la dieta son muy útiles, nos gusten o no
Cuando una comida contiene suficiente proteína, nos sentimos más saciados, lo cual es especialmente útil si intentamos evitar la comida chatarra. El cuerpo cuenta con varios mecanismos para regular la ingesta de alimentos. Por ejemplo, ¿sabías que el estómago tiene sensores de tensión mecánica que envían una señal al cerebro cuando está lleno? Uno de ellos es el detector de suficiencia de aminoácidos.
El principal argumento para centrarse en la ingesta de proteínas, a pesar de los informes que indican que consumimos suficiente, es el siguiente: si aumentamos la proporción de proteínas en nuestra dieta, consumiremos menos de otros nutrientes, como carbohidratos y grasas. Esto puede ser positivo si intentamos perder peso, y negativo si queremos rendir al máximo, reduciendo los carbohidratos a expensas de las proteínas, o si queremos que nuestra comida tenga mejor sabor.
¿Dónde está el problema?
No creo que se trate de cuánta proteína consumimos. Creo que el problema es que hemos convertido la proteína en una especie de ídolo del bienestar, un milagro de la naturaleza que resolverá nuestros problemas.
Las proteínas no solucionarán tu falta de sueño ni tu falta de ejercicio. Si la mayor parte de tu dieta consiste en alimentos etiquetados como "altos en proteínas", estás consumiendo un producto alimenticio altamente procesado que poco tiene que ver con la salud.
La proteína en la dieta es algo que podemos medir con relativa facilidad y correlacionar con diversos fenómenos. Resulta tentador ofrecer una recomendación sencilla sobre cuántos gramos debemos consumir al día para estar sanos. Sin embargo, el cuerpo humano no funciona según tablas, sino cómo lo utilicemos. Solo entonces tiene sentido plantearse si le estamos proporcionando la cantidad "suficiente".
Este artículo fue publicado originalmente por WIRED Czech Republic. Adaptado por Alondra Flores del checo.

