Un nuevo horizonte de 30 años redefine la prevención cardiovascular y destapa el riesgo oculto en adultos jóvenes

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NUEVA YORK,EE.UU/ SALUD DIGITAL.- La prevención cardiovascular empieza a mirar más allá de la próxima década. Un nuevo análisis basado en datos representativos de la población adulta de Estados Unidos plantea que limitar la evaluación al riesgo de enfermedad cardiovascular aterosclerótica a diez años puede dejar sin identificar a millones de personas que, pese a no encajar hoy en los criterios clásicos de intervención, concentran una probabilidad elevada de sufrir un evento cardiovascular en un horizonte de treinta años.

La investigación aplica las ecuaciones PREVENT, desarrolladas por la American Heart Association, a adultos de entre 30 y 59 años sin enfermedad cardiovascular conocida. Estas ecuaciones incorporan los mismos datos clínicos que se utilizan para calcular el riesgo a diez años -edad, sexo, colesterol, presión arterial, diabetes, tabaquismo, función renal y uso de tratamientos-, pero amplían el horizonte temporal para estimar el riesgo acumulado a largo plazo. 

El objetivo es detectar mejor a personas jóvenes o de mediana edad que todavía no alcanzan un umbral elevado en el corto plazo, pero sí presentan una trayectoria de riesgo sostenida.

La muestra de este estudio incluyó 3.229 participantes de la encuesta NHANES, representativos de 101,9 millones de adultos estadounidenses no embarazados sin enfermedad cardiovascular aterosclerótica diagnosticada. El riesgo medio estimado a diez años fue del 2 %, y el 97,4 % de la cohorte se situó en niveles considerados bajos según los criterios actuales. Sin embargo, cuando se aplicó el cálculo a treinta años, el riesgo medio ascendió al 9,7 %, y el panorama cambió de forma notable.

Este estudio estima que el 9 % de esta población tiene un riesgo alto a treinta años, definido como igual o superior al 20 %, mientras que un 44 % se sitúa en una categoría intermedia, entre el 7,5 % y el 19,9 %. La edad sigue siendo el factor que más condiciona esta proyección: menos del 1 % de los adultos de 30 a 39 años alcanzaba un riesgo alto a treinta años, frente a más del 20 % entre los 50 y 59 años.

La diferencia por sexo, también fue clara. El riesgo medio a treinta años alcanzó el 11,5 % en hombres y el 7,9 % en mujeres. En cambio, apenas hubo diferencias relevantes entre grupos raciales o étnicos. La diabetes sí marcó una separación evidente: quienes convivían con esta enfermedad presentaban un riesgo medio del 21,2 %, frente al 8,4 % de quienes no la tenían. 

Uno de los hallazgos centrales del trabajo es que 9,1 millones de adultos de entre 30 y 59 años presentaban un riesgo alto a treinta años. De ellos, 6,6 millones seguían clasificándose por debajo del 7,5 % de riesgo a diez años, es decir, fuera de los umbrales habituales que hoy guían muchas decisiones de prevención farmacológica.

Ese grupo aparentemente de bajo riesgo inmediato acumulaba, sin embargo, varios factores modificables mal controlados. Entre quienes tenían bajo riesgo a diez años pero alto a treinta, casi todos presentaban al menos dos factores de riesgo no controlados. El 68,8 % tenía presión arterial elevada, el 51,8 % diabetes y el 48,7 % colesterol elevado.

Entre las personas con riesgo cardiovascular alto a treinta años, la acumulación de factores modificables mal controlados fue muy frecuente. El 70,8 % presentaba presión arterial elevada, el 59,9 % obesidad y el 56,2 % colesterol total alto, mientras que el 53,2 % tenía colesterol HDL bajo y cerca de un tercio seguía fumando. Además, también se registró una proporción relevante de hemoglobina glucosilada elevada, lo que apunta a un peor control metabólico. Esta concentración de factores no se limitó al grupo de mayor riesgo: incluso entre quienes estaban en categorías baja e intermedia a treinta años era habitual encontrar varios parámetros alterados al mismo tiempo.

En paralelo, el estudio evaluó el impacto de ampliar el uso de estatinas tomando como referencia el riesgo a treinta años. En la actualidad, 9,7 millones de adultos de 40 a 59 años ya cumplen criterios para prevención primaria con estos fármacos, aunque 5,7 millones no los toman. Si se añadiera como umbral un riesgo a treinta años igual o superior al 20 %, otros 2,5 millones de adultos de entre 30 y 59 años pasarían a ser candidatos a tratamiento. Sin embargo, el rendimiento preventivo sería menor que en los grupos que ya tienen alto riesgo a diez años: mientras en estos últimos bastaría tratar a 18,5 personas durante diez años para evitar un evento cardiovascular, en el grupo identificado solo por su riesgo a treinta años habría que tratar a 78,3.

El trabajo subraya que ampliar el uso de estatinas a poblaciones de menor riesgo inmediato previene menos eventos por año de tratamiento que aumentar la cobertura entre quienes ya deberían recibirlas según las recomendaciones actuales. De hecho, el mayor beneficio poblacional seguiría estando en mejorar la adopción terapéutica entre quienes tienen riesgo elevado a diez años y aún no reciben farmacoterapia preventiva.

Los autores del estudio también recuerdan que las ecuaciones PREVENT a treinta años todavía presentan incertidumbres. Aunque el modelo se apoya en cohortes recientes y datos clínicos amplios, el seguimiento real disponible fue inferior a cinco años de media y máximo de quince, por lo que las proyecciones a treinta años se construyen mediante extrapolaciones. Además, señalan que un tratamiento preventivo iniciado de forma muy temprana plantea preguntas abiertas: desde la adherencia a largo plazo hasta posibles efectos no deseados, como el aumento del riesgo de diabetes asociado al uso prolongado de estatinas.

En ese contexto, la principal utilidad clínica del riesgo a treinta años podría estar menos en medicalizar antes y más en reforzar estrategias intensivas de estilo de vida. Actividad física, control del peso, alimentación de calidad y abandono del tabaco aparecen como las intervenciones con mayor recorrido en una población que todavía no desarrolla enfermedad, pero ya muestra una acumulación silenciosa de factores de riesgo.