Donald Trump quiere tener acceso a tres bases militares más en Groenlandia —de las cuales dos fueron abandonadas previamente por las tropas estadounidenses—, detalló el general Gregory M. Guillot, alto mando del Pentágono, durante una declaración ante el Congreso a mediados de marzo, divulgada por la prensa local este miércoles 1 de abril.
"Estoy trabajando con nuestro departamento y otros para intentar desarrollar más puertos y aeródromos, lo que brindará más opciones a nuestro secretario y al presidente, en caso de que las necesitemos en el Ártico", expresó el general Guillot ante los legisladores, tras abogar por "un mayor acceso a diferentes bases en Groenlandia".
Aunque el militar no reveló la ubicación de las bases codiciadas por Washington, la teniente comandante Teresa C. Meadows, portavoz del Comando Norte estadounidense, citada por 'The New York Times', detalló que el Ejército tiene el foco en las ciudades de Narsarsuaq, que posee un puerto de aguas profundas, y Kangerlussuaq, que alberga una pista larga ideal para el aterrizaje de aviones grandes.
Los dos lugares ya fueron ocupados por las tropas de Washington durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, hasta la retirada de Narsarsuaq en la década de 1950 y Kangerlussuaq en la de 1990.
Actualmente, Estados Unidos solo mantiene una base militar remota en Groenlandia, la de Pituffik —antes Thule—centrada en defensa antimisiles.
Un acuerdo de cooperación desempolvado
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión de Dinamarca por las tropas nazis, Estados Unidos le extendió la mano a Groenlandia para defenderla de una eventual invasión. Así, Washington replegó en los años siguientes miles de soldados en más de una docena de bases militares en la isla del Ártico.
Tal cooperación quedó oficializada en un acuerdo de cooperación firmado en 1951 y actualizado en 2004, que Groenlandia sacó a relucir recientemente para probar que, contrario a lo que sostiene Donald Trump, el territorio danés se ha mantenido como un aliado de Estados Unidos en materia de seguridad.
En Washington han identificado en este acuerdo una oportunidad para afianzar su presencia en el territorio ártico, a juzgar por la mención del pacto que hizo el general Guillot ante los congresistas estadounidenses.
"En realidad no necesitamos un nuevo tratado. (El de 1951) es muy completo y, francamente, muy favorable a nuestras operaciones o posibles operaciones en Groenlandia", expresó.
Al ser cuestionado sobre las reticencias del Gobierno danés frente a los planes militares de EE. UU. en la isla, el militar rechazó cualquier obstáculo por parte de Copenhague. "Han sido unos socios que nos han brindado un apoyo enorme", agregó.
Deseo expansionista en el Ártico
El interés de Donald Trump por anexionarse Groenlandia se remonta a su primer mandato, cuando planteó por primera vez la idea de comprar la isla a Dinamarca. El republicano ha insistido que la adquisición de ese territorio es vital para la "seguridad nacional" y del hemisferio.
Ya en su segundo mandato, Trump hizo de este deseo una meta declarada de su política exterior, ligado a la explotación de recursos minerales y energéticos, a la apertura de nuevas rutas marítimas en el Ártico y a la rivalidad estratégica con Rusia y China.
El mandatario estadounidense amenazó con controlar la isla "de una u otra forma", al tiempo que anunció nuevos aranceles para los países europeos que desplegaran tropas en la isla. Todo ello provocó un rechazo generalizado de los gobiernos de la UE, que cerraron filas con su socio danés.
Las tensiones comenzaron a desescalar a finales de enero de 2026, después de que Trump anunciara en el Foro Económico Mundial de Davos "el marco de un futuro acuerdo" con la OTAN sobre Groenlandia. Además, suspendió sus amenazas de imponer nuevos tributos a las naciones que se opusieran a su plan de adquirir el territorio semiautónomo danés.
Sin embargo, las declaraciones de los militares en el Legislativo demuestran que la Casa Blanca no ha perdido de vista el territorio del Ártico, al que Trump se refirió como "un enorme pedazo de hielo".
Eso sí, el nuevo avance por aumentar la presencia estadounidense en la isla se produce bajo el hermetismo propio de la diplomacia, lejos de la estridente coerción discursiva a la que apeló Trump hace apenas algunos meses.
Con medios locales
