Luego de casi un año de silencio, los rebeldes hutíes han vuelto a activarse. La milicia chiita que busca hacerse con el control de Yemen está lista para jugar una mano que ningún otro actor en la región aparte de Irán puede poner sobre la mesa: estrangular el transporte marítimo mundial.
Los misiles disparados contra Israel, ninguno de los cuales causó daños, son apenas un aviso del verdadero poder de este grupo aliado de Irán, que había permanecido casi un año inactivo desde que Donald Trump dirigió contra ellos su primer ataque a gran escala tras regresar a la Casa Blanca.
En aquella oportunidad, los enfrentaba para conjurar la amenaza que plantearon durante el conflicto de Gaza, cuando actuaron en solidaridad con otra milicia apoyada por Irán, Hamás.
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En la guerra entre Tel Aviv y Hamás, los hutíes no solo dirigieron ataques con misiles hacia Israel, sino que bombardearon barcos que consideraron aliados de este país, para impedir su paso por el estrecho de Bab el-Mandeb, por el que transita entre el 10 y el 15% del comercio marítimo global.
En alianza con Londres, Trump lanzó una fuerte ofensiva que causó la muerte de 53 personas y prometió usar “fuerza letal y abrumadora” contra el grupo. Poco más de un mes más tarde, aseguró que el grupo había “capitulado” y suspendió las operaciones en suelo yemení.
¿Hasta dónde pueden llegar los rebeldes?
Para los rebeldes hutíes fue apenas un repliegue estratégico. Juan Belikow, especialista en el área de Seguridad Internacional del Centro Latinoamericano de Innovación en Políticas Públicas (CLIPP), cree que su reaparición puede explicarse de dos formas: el resultado de un proceso de rearme o un diseño de escalada gradual de las hostilidades.
“Es probable que durante este tiempo Irán estuviera equipando de nuevo a los hutíes, racionalizando su respuesta para no diezmar sus arsenales”, explica Belikow, quien agrega que la posición actual del inventario estadounidense es una explicación para esta administración de recursos.
“Solo en esta guerra Estados Unidos ha empleado unos 600 misiles Tomahawk, y su capacidad de producción es de 90 al año, lo cual nos da una idea del agotamiento de inventarios que Irán estaría tratando de evitar”, apunta el experto.
Los hutíes tienen una ventaja con respecto a otros actores que han entrado en el conflicto: si bien sus capacidades militares formales no son del todo conocidas, ellos pueden aumentarlas a través del uso de tecnologías híbridas de muy bajo costo, que tienen poder para infligir daños a blancos de gran importancia.
“La fuerza militar en términos tradicionales es muy limitada, pero con una impresora 3D y acceso a softwares específicos están en capacidad de producir drones que se pueden hacer con cartón y madera”, señala Belikow.
Es el mismo método de fabricación artesanal que está empleando Ucrania para enfrentar la amenaza rusa.
Análisis
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“En el escenario de un enjambre de estos drones contra un portaaviones estadounidense, por ejemplo, es posible que un porcentaje de ellos pasen con éxito las defensas y hagan un daño significativo”, apunta el experto.
Operar en un rango geográfico limitado es otro elemento a favor de los hutíes, que gracias a ello pueden darse el lujo de prescindir de la tecnología necesaria para los mecanismos de navegación de estos drones.
“Pueden ser operados a través de fibra óptica, que tiene un alcance de 15 a 20 km y no hay manera de interceptarla con un sistema de radares tradicional. Si a eso se le suma el uso de inteligencia artificial para volar de manera no previsible, se hace muy difícil poder derribarlos”, agrega Belikow.
La reactivación se produce en un momento en el que el grupo podría estar advirtiendo un debilitamiento de un enemigo regional como Israel, que está comprometido a la vez en dos frentes: los ataques en Irán y en el avance contra Hezbolá en el Líbano.
Al mismo tiempo, está en la mira otro enemigo tradicional con el que Yemen hace frontera, Arabia Saudita, con el que la milicia ha librado una cruenta guerra que desde 2015 ha dejado cientos de miles de víctimas y millones de desplazados, y que ha disparado una grave crisis humanitaria en el país.
Desde Yemen, los hutíes están en una posición mucho más favorable para impactar la infraestructura energética, los centros de datos y las vitales plantas desalinizadoras de las que dependen para su subsistencia los países del golfo Pérsico.
“Allí es donde los hutíes pueden hacer un daño mayor que el que puede hacer Irán, porque para esto no se necesita gran tecnología”, apunta Belikow.
“Arabia Saudita ha recibido los ataques de los hutíes en repetidas ocasiones en los últimos cinco o seis años, de modo que Israel no es su único objetivo”, añade Said Chaya, doctor en Relaciones Internacionales y profesor de la Universidad Austral.
Un mundo sin reglas
Otra hipótesis para explicar la reactivación de los hutíes se inscribe más dentro de la esfera de la conveniencia particular del grupo, y es el incentivo de una fuente de financiamiento a través de un peaje similar al que Irán ha comenzado a cobrar por el uso del estrecho de Ormuz.
Aun siendo un actor no institucional, pues sigue disputando el poder al Gobierno yemení internacionalmente reconocido, los hutíes tienen mecanismos para presionar a las navieras y sacar provecho de la situación bloqueando el estrecho de Bab el-Mandeb.
“Recordemos que los hutíes son aliados tácticos de Irán, pero a diferencia de otros grupos como Hamás y Hezbolá, ellos tienen su agenda propia”, destaca Belikow. “Hay una convergencia táctica de intereses, pero ellos mantienen su autonomía”.
“Ellos entran dentro de la esfera del islam político, lo que significa que hay una instrumentalización religiosa de sus valores políticos”, añade Said Chaya.
“Más que afines a Irán, podría definírseles como socios, porque ellos han estado presentes en la vida de Yemen en los últimos 130 años”, añade Chaya, para reforzar el punto de la autonomía del movimiento.
Los hutíes seguramente han tomado nota del éxito que Irán ha comenzado a mostrar al tratar de convertir al estrecho de Ormuz en un canal marítimo de pago, y tienen una experiencia reciente muy cercana, tanto cronológica como geográficamente, de un modelo que pueden explotar para replicar esta experiencia.
Probablemente, no tengan el andamiaje institucional que tiene Irán en su Guardia Revolucionaria para someter Ormuz a sus designios, pero, como advierte Belikow, “los petroleros ya han aprendido a lidiar con la piratería marítima".
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"Recordemos que cuando los piratas somalíes atacaban los barcos, había compañías navieras que pagaban el rescate, porque era más económico hacerlo que perder esa carga o el barco en sí”, agrega el analista del CLIPP.
La hipótesis resulta plausible en un contexto internacional en el que las reglas parecen estar cada vez más difusas: “Desde la invasión de Putin en Ucrania no hay reglas, así lo admite el propio Trump, Israel avanza una guerra técnicamente ilegal y a nadie le quita el sueño. Los hutíes pueden pensar ‘si estamos en un mundo anárquico donde cada uno hace lo que quiere, ¿por qué nosotros no?’”.
¿Qué pasaría si se cierra el estrecho de Bab el-Mandeb?
Por este trecho de apenas 25 km de ancho, que da al norte con Yemen y al sur con Yibuti transita el 10% del petróleo mundial. Sumado al 20% que ha quedado atrapado en el cuello de botella de Ormuz, casi un tercio del suministro energético global quedaría suspendido.
Pero no es el único valor de este estrecho, que permite el tránsito hacia el Mar Rojo, uno de los principales corredores del comercio global y la vía hacia el canal de Suez, que a su vez conecta con el Mediterráneo. Una interrupción en ese punto dejaría aisladas a Europa y Asia de provisiones vitales.
Ya los hutíes lograron una reducción de 70% en los volúmenes de transporte marítimo hacia el canal de Suez en 2024, cuando actuaron en solidaridad con Hamás, de acuerdo con cifras de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.
“Más del 40% de la úrea del mundo pasa por esa región, y eso crea un impacto muy importante para el hemisferio norte, que está en época de siembra. Si en tres o cuatro semanas no llega el fertilizante, la cosecha va a estar entre 40 y 70% por debajo de la producción del año anterior”, detalla Belikow.
La situación, al igual que la reducción en la oferta petrolera, puede terminar beneficiando a Rusia, el otro gran proveedor mundial de fertilizantes, que podría ver aliviadas las sanciones para mitigar el impacto de la falta de úrea a nivel mundial.
