La decisión de Donald Trump de eximir a Rusia de varias medidas afecta a una ley bautizada con el nombre del fallecido senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, que busca endurecer las sanciones contra la economía rusa y limitar el flujo de recursos financieros que contribuyen a sostener la guerra contra Ucrania.
La orden ejecutiva de Trump se produce en un momento en que ha estado estrechando lazos con Rusia y criticando públicamente al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, llegando incluso a sugerir que Ucrania necesita un nuevo líder.
La legislación, cuyo principal impulsor en el Congreso fue el difunto senador Lindsey Graham, habría impuesto aranceles de hasta el 100% en un plazo de 30 días a todos los productos importados a Estados Unidos procedentes de los cinco mayores importadores de petróleo crudo o gas ruso , así como a cualquier país que, a sabiendas, comprara petróleo o gas 30 días después de la entrada en vigor de la ley o que figurara entre los cinco principales países que ayudaron a Rusia a eludir las sanciones.
Trump justificó la exención señalando que se trata de un "interés nacional" para Estados Unidos.
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Trump había promulgado esa legislación el pasado 18 de septiembre.
En particular, la orden exime las sanciones contra personas y entidades vinculadas al Gobierno ruso; las restricciones financieras y comerciales y los aranceles previstos para los productos rusos, y los procedentes de determinados países compradores de hidrocarburos de Rusia.
La decisión no elimina las sanciones que Estados Unidos ya había impuesto a Rusia mediante órdenes ejecutivas anteriores.
Las exenciones de la nueva ley permanecerán vigentes hasta que Trump o el secretario de Estado, en consulta con el secretario del Tesoro y el representante comercial estadounidense, determinen adoptar nuevas medidas.
La orden también delega en varios departamentos del Gobierno la aplicación de las disposiciones de la ley que continúan vigentes.
La decisión se produce después de que Washington autorizara temporalmente las operaciones comerciales con diésel de origen ruso hasta el 7 de abril de 2027, incluida su importación a Estados Unidos, pese a las sanciones vigentes contra Moscú.
Trump anunció el pasado 9 de octubre que había acordado con su homólogo ruso, Vladímir Putin, el suministro de diésel para los mercados internacionales, con el objetivo de aliviar los precios de la energía y los combustibles.
El mandatario republicano afirmó que Rusia entregaría inicialmente más de 300.000 toneladas de combustible y que posteriormente suministraría cantidades adicionales, condicionadas en parte al estado de sus refinerías.
El acuerdo ha suscitado críticas de legisladores de ambos partidos, que cuestionan sus posibles efectos sobre la presión económica contra Moscú y su compatibilidad con la legislación estadounidense.
Los detractores advierten que los ingresos derivados de la venta de combustible ruso podrían contribuir a financiar la guerra contra Ucrania, mientras la Administración defiende la necesidad de contener los costos energéticos.
Con EFE, AP y Reuters

