Con la retirada de sus últimas tropas de una base aérea en Erbil, la región kurda semiautónoma del norte de Irak, Estados Unidos concluyó su misión de 12 años al frente de la coalición que enfrentó al grupo yihadista Estado Islámico (EI), dejando al país entre celebraciones y temores a un posible vacío de seguridad.
La salida, acordada hace dos años por el Gobierno de Joe Biden y ejecutada progresivamente bajo el mandato de Donald Trump, ocurre en un contexto distinto al de la firma del pacto, con el conflicto en curso entre Estados Unidos e Irán, que en ocasiones ha convertido a Irak en campo de batalla, por los ataques de milicias proiraníes a tropas estadounidenses y los bombardeos de Washington a esos grupos.
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, destacó que se haya completado una "salida ordenada" de los soldados estadounidenses, un "hito" que, según él, "refleja el éxito de una campaña de 12 años que derrotó al EI como amenaza militar organizada en Irak y en toda la región".
"También marca la transición de una misión de coalición en tiempos de guerra a un esfuerzo de seguridad liderado por Irak, respaldado por una relación de seguridad bilateral más convencional", subrayó, transmitiendo la idea de que Washington mantendrá su respaldo a Bagdad.
Según indicó el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) en un comunicado, la retirada no significa el final de las operaciones contra el autodenominado Estado Islámico. Ahora desde su cuartel principal en Jordania, la coalición continuará "la misión contra el EI en Siria junto a sus socios y el gobierno sirio".
"A medida que damos un paso atrás y transferimos la responsabilidad principal y total de la seguridad de Irak al Gobierno iraquí y al valiente pueblo de Irak, las fuerzas de Estados Unidos y de la Coalición desplegadas en la región permanecerán listas para responder a cualquier amenaza del EI que surja", afirmó Brad Cooper, comandante del CENTCOM.
Este hecho se produce 23 años después del inicio de la invasión de Estados Unidos en Irak para derrocar a Saddam Hussein, lo que desencadenó años de agitación y caos. Las tropas estadounidenses se retiraron inicialmente a finales de 2011, pero, en menor número, regresaron menos de tres años después para liderar la coalición contra el grupo extremista sunita Estado Islámico, que en su auge llegó a tomar el control de un tercio del territorio iraquí.
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Desde la derrota del autoproclamado califato en 2017, las tropas estadounidenses han proporcionado a las fuerzas de seguridad iraquíes información de inteligencia crucial sobre los movimientos del grupo, así como servicios de vigilancia aérea y reconocimiento.
Con la organización yihadista reducida a células durmientes dispersas, Washington y Bagdad acordaron en 2024 poner fin gradualmente a la misión, con una retirada de tropas que inició en octubre pasado y concluyó formalmente este 30 de septiembre.
Irak celebra su soberanía: ¿qué viene después?
En Irak, el gobierno ha declarado cuatro días festivos bajo el nombre de 'Días de la Soberanía' para celebrar la retirada de las tropas estadounidenses, un movimiento simbólico en un país atravesado por más de dos décadas de sangrienta intervención extranjera.
El primer ministro iraquí Ali al-Zaidi describió el hecho como el inicio de una "nueva fase, definida por la soberanía de Irak, la fortaleza de sus instituciones, la preparación de sus fuerzas, la unidad en la toma de decisiones y unas sociedades equilibradas con sus amigos".
"El fin de la misión de la coalición internacional no significa el fin de nuestra batalla contra el terrorismo, sino más bien la transición de Irak hacia una fase en la que asume la plena responsabilidad de su seguridad y estabilidad", añadió el jefe del Ejecutivo iraquí.
Y es que, aunque la salida de los soldados estadounidenses goza de una gran aceptación entre los iraquíes, existe el temor de que las fuerzas iraquíes entrenadas y financiadas por Washington no sean capaces de proteger al país, ya sea contra organizaciones externas o en las tensiones internas con grupos paraestatales.
"La lección de las últimas dos décadas es que los vacíos de seguridad pueden ser extremadamente peligrosos", afirmó a la agencia Reuters Jassim al-Bahadli, un analista iraquí que asesora a las fuerzas de seguridad.
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Del mismo modo, Adil Salman, un profesor de inglés de 45 años, consideró que los iraquíes "no deberían apresurarse a celebrar" la retirada porque "las milicias siguen operando al margen del control estatal y el (Estado Islámico) aún no ha desaparecido".
"Me preocupa que la salida de Estados Unidos pueda dar lugar a un nuevo periodo de inestabilidad. Al final, la gente juzgará esta decisión basándose en un solo aspecto: si la seguridad se mantiene estable en los próximos años", subrayó.
Mientras Bagdad busca su desarme, las milicias proiraníes celebran la retirada
Uno de los principales desafíos es cumplir con el desarme de las milicias que operan bajo el paraguas de las Fuerzas de Movilización Popular, pero que tienen lealtades diversas, con algunas facciones respaldadas por Irán y otras también vinculadas a actores de poder en Irak.
Inicialmente se había fijado que el desarme se cumpla en paralelo con la retirada estadounidense. Sin embargo, esa opción se ha pospuesto porque las negociaciones para regular el armamento continúan.
Si bien algunas facciones han anunciado la integración de sus brigadas armadas en instituciones estatales, varios grupos armados influyentes se han negado a deponer las armas. Estas organizaciones condicionaron su desarme a la retirada de las tropas internacionales, así como al fin de toda influencia estadounidense, tanto política como económica.
Según analistas, Al-Zaidi, quien trazó junio de 2027 como nueva fecha límite para el desarme, apuesta a que la retirada de las tropas estadounidenses les prive de pretextos a las influyentes milicias para preservar sus armas.
Citado por el medio catarí Al-Jazeera, Douglas Silliman, antiguo embajador de Estados Unidos en Irak y Kuwait, aseguró que la salida de los soldados estadounidenses parece ser parte de una estrategia de Al-Zaidi para "debilitar políticamente" a esos grupos.
Para el también presidente del Arab Gulf States Institute, un centro de pensamiento con sede en Washington, el primer ministro iraquí –un 'outsider' que asumió en mayo pasado como un candidato de consenso para romper el bloqueo político en el país– "intenta claramente construir un argumento político ante los iraquíes para sostener que aquellas fuerzas —más supeditadas a Irán y que han utilizado armas sin autorización gubernamental— ya no tienen una razón política para poseer dicho armamento".
Sin embargo, no está claro si este argumento será suficiente o si el gobierno contará con mecanismos de presión suficientes para forzar el cumplimiento de las medidas por parte de milicias que, por su rol en la lucha contra el Estado Islámico, han construido una fuerte base de poder.
Ante la retirada de tropas estadounidenses es posible que estos grupos "se sientan cada vez más fortalecidos ante la ausencia de una presencia militar occidental" e intenten "ampliar su papel en la configuración de las políticas estatales y consolidar su presencia en instituciones clave", explicó Ahmed Younis, analista político radicado en Bagdad.
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Por lo pronto, en un comunicado, Abu Mujahid al-Assaf, responsable de seguridad de la poderosa milicia proiraní Kataib Hezbolá, celebró la "expulsión de las fuerzas de ocupación" –en referencia a las tropas estadounidenses– como "el inicio de la plena soberanía".
En paralelo, alertó a Al-Zaidi y a su gobierno que no ejecuten acciones siguiendo las directrices de Washington porque "cualquier gobierno que no trabaje en beneficio del pueblo será derrocado por todos los medios".
El temor al resurgimiento del grupo Estado Islámico
La retirada también ha generado inquietud en la región kurda del norte de Irak, particularmente por el traslado de los sistemas de defensa aérea estadounidenses.
El Ministerio de los Peshmerga –combatientes armados kurdos– del Gobierno Regional del Kurdistan recordaron que esa zona había sido objetivo de más de 1.000 ataques con drones y misiles balísticos durante el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
"La retirada de Estados Unidos de la Región del Kurdistán en estas complejas circunstancias regionales, sin la provisión de un sistema de defensa, es motivo de preocupación", afirmó en un comunicado.
Entre funcionarios de seguridad iraquíes, tanto del gobierno federal como de la región kurda semiautónoma, existe el temor, asimismo, de que la ausencia de tropas estadounidenses revitalice a los combatientes yihadistas del Estado Islámico, que mantiene una red de células durmientes.
El miedo es que se repitan escenas de 2014, cuando el Ejército iraquí no estuvo a la altura para enfrentar a los militantes radicales: sus soldados se quitaron sus uniformes y huyeron cuando el grupo tomó Mosul, la segunda ciudad más grande del país.
Por eso, los expertos consideran vital que la cooperación entre Washington y Bagdad se mantenga fuerte, sobre todo en aspectos como la entrega de información de inteligencia sobre los movimientos del grupo.
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El general retirado del Ejército iraquí, Mohammed al-Jabouri, quien comandó una brigada durante la guerra contra el Estado Islámico, afirmó a Reuters que "la cuestión más importante ahora es si las instituciones de seguridad de Irak han preparado un plan B viable para la fase posterior a la coalición".
"Uno de los peores escenarios sería que el Estado Islámico obtuviera drones armados o drones con explosivos improvisados en un momento en que Irak aún carece de capacidades de defensa aérea suficientes para contrarrestar eficazmente tales amenazas", sentenció.
Con Reuters, AP, AFP y medios
