Dormir mal no solo puede dejar una sensación brutal de cansancio al día siguiente. En adultos mayores, el insomnio se ha relacionado con diversos problemas de salud y con señales de un envejecimiento biológico acelerado. Ahora, un estudio publicado en The Lancet Healthy Longevity sugiere que tratar el insomnio con una terapia cognitivo-conductual podría tener un efecto 2×1: sí, podría mejorar la calidad del sueño, pero también podría ralentizar el ritmo al que envejece el cuerpo.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Participaron 92 adultos de 60 años o más que padecían insomnio. De ellos, 47 recibieron terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I, por sus siglas en inglés), mientras que otros 45 participaron en una intervención de educación sobre el sueño, a modo de grupo de comparación.
La CBT-I incluyó cinco componentes: terapia cognitiva, control de estímulos, restricción del sueño, higiene del sueño y técnica de relajación. El objetivo era reducir la activación fisiológica y cognitiva asociada con el insomnio y recuperar un sueño reparador. El grupo de comparación recibió información sobre higiene y biología del sueño, las características del sueño saludable y no saludable, y los efectos del estrés sobre el sueño. Ambas intervenciones se desarrollaron durante ocho semanas.
Para saber si el tratamiento podía estar relacionado con cambios en la edad biológica (también llamada edad fisiológica), los investigadores analizaron muestras de sangre tomadas antes de la intervención y aproximadamente dos años después. En las células sanguíneas buscaron patrones de metilación del ADN, una modificación química que puede emplearse para estimar distintos aspectos del envejecimiento con los llamados “relojes epigenéticos”. El estudio usó tres indicadores: DunedinPACE, GrimAge y PCPhenoAge.
El resultado más claro apareció con DunedinPACE, una medida diseñada para estimar el ritmo al que envejecen diferentes sistemas del organismo. Después de ajustar los análisis por variables como edad, sexo, índice de masa corporal y demás, los participantes que recibieron CBT-I mostraron un ritmo de envejecimiento biológico más lento que quienes recibieron educación sobre el sueño.
El análisis también encontró diferencias en la evolución del insomnio. El 34% de quienes recibieron CBT-I (16 de 47 participantes) experimentó una remisión completa del insomnio durante el seguimiento, frente al 13% (seis de 45) del grupo de educación sobre el sueño. En los análisis posteriores, quienes permanecieron con insomnio en el grupo de comparación mostraron el mayor incremento en DunedinPACE.
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Los investigadores plantean que una posible explicación está relacionada con la respuesta del cuerpo al estrés. El insomnio puede mantener activados los sistemas de respuesta al estrés y favorecer procesos como la inflamación y el estrés celular. DunedinPACE podría ser especialmente sensible a estos cambios relativamente rápidos porque integra señales relacionadas con distintos sistemas biológicos, entre ellos la inflamación y el metabolismo de la glucosa.
“El insomnio en los adultos mayores suele tratarse como un problema de calidad de vida, pero estos hallazgos sugieren que también podría ser un factor de riesgo modificable en el proceso de envejecimiento”, dijo Judith Carroll, autora principal del estudio y profesora asociada de Psiquiatría en UCLA Health, en un comunicado. “Así como aconsejamos a los pacientes sobre actividad física y dieta para favorecer un envejecimiento saludable, esto señala al sueño como otro comportamiento importante que vale la pena abordar para mejorar la salud”.
Dicho esto, los autores subrayan que los resultados son preliminares. El análisis incluyó solo una parte de los participantes de un ensayo anterior, lo que redujo el tamaño de la muestra. Además los participantes eran adultos mayores relativamente sanos y provenían de un centro médico universitario del sur de California, por lo que los resultados podrían no ser generalizables a otras poblaciones.
Por ahora, el estudio no demuestra de forma causal que tratar el insomnio haga que las personas vivan más tiempo ni que literalmente “rejuvenezca” el organismo. Lo que muestra es una asociación experimental entre la terapia cognitivo-conductual para el insomnio y un cambio favorable en uno de los indicadores epigenéticos del ritmo de envejecimiento. Los propios investigadores señalan que serán necesarios ensayos grandes, con poblaciones más diversas y seguimientos más exhaustivos, para determinar si estos cambios se mantienen y si se traducen en beneficios de salud a largo plazo.
Puedes consultar y descargar el estudio original aquí.

