
Poco después de las 6 de la tarde de un miércoles reciente, media docena de dueños de mascotas se conectaron a una reunión de Zoom para confesar algo de lo que les da miedo hablar en público: están hartos de sus perros.
Sentir vergüenza
Antes de que comenzara el debate, Louise Crane, presidenta y cofundadora de Dogs Anonymous, la organización que coordinaba la reunión, recitó los siete puntos que los participantes debían aceptar, siendo el primero: “Admito que la vida con mi perro no es lo que me imaginaba”. Crane llevaba una camiseta negra en la que se leía “Abolish ICE” (abolir el ICE) en grandes letras blancas.
“Puede que tengan que convencerme de que no me tire por un precipicio”, expresó una asistente al inicio de la conversación, mencionando que no estaba segura de cómo manejar los cambios de humor de su perro. Su familia había pasado por una serie de cambios recientes: su otro perro había fallecido y además estaban acogiendo a otro, y ahora su boxer estaba “inquieto” y “malhumorado”. Hasta el punto de que ladraba más “para exigir cosas, algo que nunca había sido propio de él”.
Otros asistentes confesaron sus vergüenzas privadas: un cruce de pastor alemán había empezado a mostrar un “crecimiento de la defensa de los recursos” más intenso cuando estaba cerca de otros perros. Es un término que se utiliza cuando los perros protegen agresivamente algo que valoran. “El otro día se peleó con el perrito salchicha de mi hermana porque ambos estaban pidiendo comida”. Una mujer, que vive en un complejo de apartamentos muy concurrido, necesitaba consejos sobre cómo manejar mejor los constantes ladridos de su dachshund a los desconocidos. En aras del anonimato, Dogs Anonymous pidió a WIRED que omitiera los nombres y las características identificativas de sus participantes.
La vergüenza es la emoción con la que más luchan los asistentes en estas reuniones. “La vergüenza de tener un perro que se vuelve loco, sobre todo siendo mujer”, resulta difícil para algunas personas, me cuenta Crane cuando hablamos unos días antes.
Dogs Anonymous
En 2025, Crane puso en marcha Dogs Anonymous, una organización sin fines de lucro centrada en el adiestramiento y el apoyo emocional por parte de expertos en comportamiento animal, con el objetivo de ayudar a las personas a expresar su vergüenza.
“Queríamos ofrecer a la gente no solo un espacio en el que pudieran confiar para recibir asesoramiento sobre problemas de comportamiento o si están pasando por una crisis con su perro. También un lugar donde no se sintieran juzgados al hacer preguntas y admitir que quizá todo esto les resulte demasiado”, recuerda Daphne Mendoza-Tervanis, una de las cofundadoras.
Las sesiones se celebran semanalmente y están dirigidas tanto a propietarios de perros novatos como a los más experimentados, a personas que han adoptado un perro, a cuidadores y, en ocasiones, a adiestradores que buscan consejos sobre cómo abordar casos de agresividad. A las reuniones acuden principalmente residentes en EE UU, aunque han participado propietarios de perros de Singapur, Costa Rica y otros lugares.
Jerri Scherff, una de las cofundadoras que lleva 13 años sobria, tenía experiencia de primera mano con los programas de recuperación, y para ella era importante que Dogs Anonymous incluyera también algunas de las mismas tradiciones que Alcohólicos Anónimos. “Queríamos crear algo que fuera repetible, sostenible y, con el tiempo, autónomo. Así es como funcionan los grupos de recuperación”, afirma. Lo más importante era el anonimato: lo que se habla en el grupo se queda en el grupo.
Gente que pasa por lo mismo que tú
Los fundadores afirman que la eficacia del grupo no se deriva necesariamente de los consejos que imparten durante las reuniones, sino del vínculo que se crea entre los miembros al compartir sus dificultades. “La magia de la comunidad de AA radica en que estás pasando por algo que otra persona ya ha vivido o está viviendo en ese mismo momento”, añade Crane. Este enfoque, denominado “compartir tu experiencia, fuerza y esperanza”, es una parte fundamental del programa de recuperación de 12 pasos y anima a los miembros a analizar su experiencia de una forma que les haga sentirse menos solos.
Según una encuesta publicada en junio en la revista científica Pets, que analizaba la culpa, la carga y el bienestar entre los propietarios de perros con problemas de comportamiento, el 53% de los encuestados confesó sentirse solo, y el 78% señaló una “carga elevada para el cuidador”, un término que hace referencia a la presión emocional y económica que supone ser cuidador.
