Donald Trump y Delcy Rodríguez: del enfrentamiento a una relación marcada por el petróleo

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Un encuentro impensable hace un año. Donald Trump y Delcy Rodríguez se encuentran este martes en Nueva York al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, en una reunión informal prevista durante una recepción ofrecida por el mandatario estadounidense a otros líderes internacionales. La Casa Blanca ha descrito el encuentro como breve y de carácter informal, más próximo a un “pull-aside” diplomático que a una bilateral convencional.

El formato no elimina, sin embargo, el peso político de la fotografía. Se trata del primer encuentro presencial entre Trump y Rodríguez desde que la dirigente venezolana, antigua vicepresidenta de Nicolás Maduro, asumió la Presidencia interina tras la captura del mandatario venezolano el pasado enero. La presencia de Rodríguez en la Asamblea General constituye además la primera participación de un jefe de Estado venezolano en este foro desde la operación estadounidense que depuso al líder chavista.

El contraste con el pasado reciente resulta especialmente significativo. Washington y Caracas atravesaron años de confrontación política y diplomática, con Estados Unidos sometiendo al Gobierno venezolano a una intensa presión económica y política. Ahora, el mismo Gobierno estadounidense que impulsó la operación contra Maduro mantiene conversaciones con la dirigente que formaba parte de su círculo de poder.

La reunión es, por tanto, menos importante por lo que pueda anunciarse en esos minutos que por lo que representa: la transformación de una relación basada en la presión y el aislamiento en otra en la que los intereses energéticos, financieros y geopolíticos empiezan a ocupar el centro.

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El petróleo como punto de inflexión

El elemento material de este acercamiento es el petróleo. A finales del pasado agosto, Trump anunció un acuerdo con Venezuela que, según su Administración, permitiría a Estados Unidos acceder a unos 65.000 millones de barriles de reservas venezolanas. El propio mandatario estadounidense lo presentó como un acuerdo de dimensiones históricas.

La información disponible sobre el pacto apunta a una participación estadounidense sustancial en la explotación de los recursos. AFP señala que el acuerdo anunciado contempla que Estados Unidos controle aproximadamente una quinta parte de las reservas venezolanas, mientras Reuters informa que empresas de EE. UU. están negociando nuevas operaciones en petróleo y otros sectores.

El alcance económico del acuerdo explica parte de la rapidez con la que se ha producido el deshielo. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su industria arrastra años de deterioro, falta de inversión e infraestructura insuficiente. El interés de Washington consiste, en buena medida, en convertir esas reservas en producción efectiva y en incorporar a empresas estadounidenses a ese proceso.

Para Rodríguez, el acuerdo representa una fuente potencial de inversiones y de recuperación de una industria decisiva para las finanzas del Estado venezolano. Para Trump, el petróleo del país latinoamericano adquiere un valor añadido en un momento de fuertes tensiones internacionales sobre el suministro energético y de preocupación en Estados Unidos por los precios del crudo.

Pero entre el anuncio político y el aumento efectivo de la producción existe una distancia considerable. La recuperación de la capacidad petrolera venezolana requiere capital, infraestructura, tecnología y estabilidad jurídica. El acuerdo, por sí solo, no garantiza que las reservas puedan transformarse rápidamente en nuevos barriles.

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De la operación militar a la cooperación económica

El elemento más llamativo del proceso es la velocidad del cambio. En enero, la relación entre Washington y Caracas quedó redefinida mediante una intervención militar estadounidense que terminó con la captura de Maduro y su traslado a Estados Unidos, donde permanece a la espera de juicio por cargos relacionados con narcotráfico, según AFP.

Meses después, Rodríguez —que había formado parte del Gobierno de Maduro— ocupa un lugar destacado en la agenda internacional de Trump y representa a Venezuela en la ONU.

El giro no se limita al petróleo. La delegación venezolana que acompaña a Rodríguez en Nueva York ha iniciado contactos con el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, instituciones con las que Venezuela ha retomado relaciones durante este año. Reuters informa además de negociaciones relacionadas con deuda, energía y minería.

El cambio de interlocutores financieros es relevante porque apunta a una normalización que va más allá de la relación bilateral con Estados Unidos. La participación de organismos multilaterales abre la puerta a mecanismos de financiación y reestructuración que durante años estuvieron prácticamente fuera del alcance de Caracas.

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La legitimidad de Rodríguez, en el centro del proceso

La cuestión política es más compleja. Rodríguez procede del núcleo del poder chavista y fue vicepresidenta de Maduro. Su llegada a la presidencia interina no fue resultado de unas elecciones presidenciales, sino de la nueva situación creada después de la intervención estadounidense.

El acercamiento a Washington le proporciona ahora una plataforma internacional que contrasta radicalmente con su posición de meses atrás. Su presencia en Naciones Unidas y sus reuniones con organismos financieros internacionales son señales de una progresiva normalización de su interlocución exterior. Este lunes, antes de su encuentro con Trump, Rodríguez se reunió en Nueva York con responsables del BID, el FMI y el Banco Mundial.

Ahí aparece una de las principales tensiones del proceso: la diferencia entre reconocimiento diplomático, cooperación económica y legitimidad democrática.

Fotografía divulgada por el Palacio de Miraflores de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez
Fotografía divulgada por el Palacio de Miraflores de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez © Palacio de Miraflores/EFE

El acercamiento de Washington puede facilitar la reconstrucción económica venezolana y la reintegración del país en organismos internacionales, pero también plantea preguntas sobre el calendario y las condiciones de una eventual transición política. Reuters señala que las conversaciones actuales incluyen cuestiones de reforma democrática, mientras que el ‘Financial Times’ ha recogido críticas de sectores opositores que temen que la creciente utilidad de Rodríguez para Washington termine retrasando una transición electoral.

Estas interpretaciones no son compartidas por todos los actores venezolanos y deben distinguirse de los hechos comprobables: lo que sí resulta evidente es que la cooperación económica está avanzando con mayor rapidez que la definición pública del futuro político del país.

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Una relación basada en intereses convergentes

El acercamiento puede interpretarse, más que como una reconciliación ideológica, como una convergencia de intereses.

Para la Administración Trump, Venezuela ofrece recursos energéticos estratégicos y la posibilidad de incorporar producción petrolera a empresas y mercados vinculados a Estados Unidos. Para Rodríguez, Washington representa un interlocutor indispensable para acceder a inversiones, financiación y reconocimiento internacional.

Esa coincidencia explica que antiguos antagonistas puedan ahora sentarse a negociar sin que necesariamente hayan desaparecido las diferencias sobre el futuro político venezolano.

Los primeros pasos de esta nueva relación también tienen una dimensión regional. Rodríguez recibió el sábado en Caracas al presidente paraguayo, Santiago Peña, en el marco de un proceso para restablecer relaciones diplomáticas. Y su presencia en Nueva York le ha permitido reunirse con organismos internacionales que durante años mantuvieron una relación muy limitada con Caracas.

Archivo: una bomba de extracción de petróleo en el lago de Maracaibo en Cabimas, Venezuela, 27 de enero de 2026.
Archivo: una bomba de extracción de petróleo en el lago de Maracaibo en Cabimas, Venezuela, 27 de enero de 2026. © Reuters/Leonardo Fernandez Viloria

El otro gran elemento de la ecuación venezolana es María Corina Machado. La líder opositora, que permanece fuera de Venezuela, ha intentado mantener su influencia sobre el proceso de transición y conservar una relación directa con Washington. Su posición contrasta con la creciente interlocución de Rodríguez con la Administración Trump.

La situación genera una paradoja política. Mientras Rodríguez, procedente del antiguo aparato chavista, aparece ahora junto al presidente estadounidense y se incorpora a los circuitos diplomáticos y financieros internacionales, Machado afronta incertidumbre sobre su regreso a Venezuela y sobre el papel que tendrá en el nuevo escenario.

La diferencia de trato entre ambas figuras será inevitablemente uno de los elementos observados alrededor de la reunión de Nueva York. No porque el encuentro determine por sí mismo el futuro político venezolano, sino porque muestra quién está ocupando actualmente el espacio de interlocución privilegiada con Washington.

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La fotografía y lo que queda fuera de ella

La imagen de Trump y Rodríguez juntos en Nueva York tendrá un valor político difícil de ignorar. Se trata de la representación visual de un cambio que hace pocos meses habría resultado improbable: Estados Unidos y Venezuela han pasado de la confrontación abierta a negociar petróleo, deuda, inversiones y relaciones internacionales.

Pero la fotografía también dejará preguntas abiertas.

La primera es qué condiciones políticas acompañarán la normalización económica. La segunda, hasta dónde llegará el control o la influencia estadounidense sobre los recursos venezolanos. Y, la tercera, qué papel tendrán la oposición y unas eventuales elecciones en la siguiente fase del proceso.

Archivo: el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, conversa con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante una visita oficial en Miraflores. Caracas, 2 de septiembre de 2026.
Archivo: el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, conversa con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante una visita oficial en Miraflores. Caracas, 2 de septiembre de 2026. AP Photo/Pedro Mattey – Pedro Mattey

Por ahora, el ritmo de los acontecimientos apunta a que la economía está funcionando como el principal puente entre Washington y Caracas. La reunión de Trump y Rodríguez será la expresión diplomática de ese cambio: un encuentro breve, informal y cuidadosamente encajado en la agenda de la ONU, pero cargado con el significado de una relación bilateral que ha cambiado de naturaleza en cuestión de meses.

El verdadero alcance del giro, sin embargo, no dependerá únicamente de la fotografía de Nueva York. Se medirá en los próximos meses por la capacidad de convertir los acuerdos energéticos en inversiones y producción, por la evolución de las relaciones financieras internacionales y, sobre todo, por cómo se resuelva la cuestión pendiente de la transición política venezolana.

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Con Reuters, AP y EFE