A pocos metros de una de las tumbas más estudiadas del planeta podría quedar todavía algo que los arqueólogos no han visto. Es posible que incluso esté relacionado con el tan buscado sepulcro de la reina Nefertiti. Un trabajo encabezado por el egiptólogo Mamdouh Eldamaty encontró nueva evidencia de que, más allá de la cámara funeraria de Tutankamón, podrían existir cámaras y corredores excavados por humanos.
El nuevo estudio combinó varias técnicas geofísicas e incorporó microgravimetría, un método capaz de detectar variaciones diminutas en la gravedad provocadas por cambios en la densidad del subsuelo. Una cámara, un corredor relleno de escombros o una concentración de materiales pueden producir una señal distinta a la de la roca sólida. Al cruzar esas mediciones con radar, resistencia eléctrica y estudios geológicos, el equipo identificó varias anomalías que interpreta como posibles estructuras construidas por humanos.
A partir de esas señales, los investigadores proponen la existencia de cinco o seis posibles cámaras distribuidas a lo largo de unos 25 o 30 metros al norte de la tumba conocida, probablemente conectadas mediante corredores hoy rellenos de escombros. Esta construcción, además, sería anterior al entierro del faraón Tutankamón.
¿Dónde está Nefertiti?
Durante mucho tiempo se ha teorizado que debajo de la tumba de Tutankamón se encuentra un complejo funerario que, además, podría estar relacionado con Nefertiti, soberana del antiguo Egipto durante el siglo XIV a. C. y esposa principal del faraón Akenatón. De la reina han sobrevivido innumerables representaciones y uno de los bustos más célebres del antiguo Egipto, pero su destino final y el lugar donde fue enterrada siguen siendo inciertos.
La hipótesis sobre el destino de Nefertiti supone que, tras su muerte, fue enterrada en un complejo funerario del que formaba parte la cámara de Tutankamón. Aproximadamente una década después, tras la inesperada muerte del faraón, las cámaras exteriores habrían sido reabiertas y adaptadas apresuradamente para recibirlo, mientras que la sección más profunda habría permanecido sellada. Ello explicaría, en parte, por qué la tumba conocida del faraón resulta desconcertantemente pequeña.
Aunque la idea es atractiva y ahora cuenta con nuevos indicios geofísicos, todavía no está confirmada. Intervenir físicamente en una de las tumbas más valiosas del mundo requiere un nivel de evidencia excepcional y la autorización de las autoridades egipcias. Los propios investigadores consideran que las técnicas geofísicas ya han llevado la búsqueda hasta un límite: para resolver definitivamente qué producen las anomalías sería necesario encontrar una forma segura de acceder a alguno de los posibles espacios y obtener imágenes de su interior.
Más evidencia para justificar una exploración
Los nuevos resultados se suman a una investigación publicada en 2019 en Journal of Cultural Heritage. Aquel equipo colocó electrodos sobre el terreno, hizo circular corriente eléctrica y midió la resistividad del subsuelo para reconstruir en tres dimensiones lo que había alrededor de la cámara. El estudio encontró zonas de resistividad anormalmente elevada, algunas con dimensiones y posiciones compatibles con espacios excavados bajo tierra. Los investigadores hablaron entonces de “anomalías”, no de cámaras confirmadas.
Algunas de aquellas anomalías eléctricas aparecen aproximadamente en las mismas zonas donde la nueva campaña detectó variaciones gravitacionales, lo que ofrece a los autores una forma independiente de contrastar parte de sus resultados.
El estudio aumenta las pruebas de cámaras extra más allá de las paredes de Tutankamón. Sin embargo, todavía no se considera evidencia suficiente como para justificar una intervención física. La decisión al final la tomará el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. De ser aprobado el proyecto, las obras podrían arrancar en noviember.
Esto podría “convertirse en uno de los descubrimientos arqueológicos más trascendentales de la era moderna”, dijo Mamdouh Eldamaty, arqueólogo de la Universidad Ain Shams en El Cairo y exministro de Antigüedades del gobierno egipcio en una declaración para Nature.


