"Los golpearemos tanto en el bolsillo como en su ciudadanía, porque no tienen cabida entre nosotros". El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu anunció este 16 de septiembre que presentará un proyecto de ley para revocar la ciudadanía israelí a quienes "difamen al Ejército de Israel" y abrir la puerta a millonarias demandas.
La iniciativa es la última reacción de Tel Aviv al terremoto reputacional que ha representado el documental “Naza” de los israelíes Yuval Abraham y Rachel Szor, que fue galardonado con el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de Venecia, luego de recibir una ovación de 25 minutos cuando fue presentado el 10 de septiembre.
El documental y sus realizadores han sido objeto de todo tipo de descalificaciones, amenazas y denuncias por parte funcionarios del Gobierno israelí y ha provocado insultos y acusaciones de Netanyahu a sus rivales políticos, a pesar de que estos también han criticado la película.
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‘Naza’ (unas iniciales que reproducen el acrónimo en hebreo usado por el Ejército israelí para referirse a “daños colaterales”) cita testimonios anónimos de miembros de esta fuerza para demostrar que las muertes masivas de civiles eran consideradas rutinariamente en las decisiones sobre objetivos en Gaza.
Abraham y Szor, ambos periodistas, ya participaron en la realización de ‘No other land’, un documental ganador del Oscar de la Academia en 2024, que retrató la expansión y el sometimiento colono contra una comunidad rural palestina de la gobernación de Hebrón, al sur de Cisjordania ocupada.
Difícilmente pueden ser señalados de agentes anti-israelíes. Abraham, nacido en Bersheeva de padres israelíes en una familia de clase media, perdió antepasados en el Holocausto y en un campo de concentración italiano en Libia.
Szor, por su parte, nació y vive en Jerusalén. Este 16 de septiembre, un puñado de militantes de extrema derecha se reunieron frente a su casa a pedir “ejecución a los traidores”.
En ‘Naza’, 24 entrevistas con miembros del ejército y oficiales de inteligencia revelaron cómo se aprobaron rutinariamente operaciones que implicaban muertes masivas de civiles durante ataques a militantes de Hamás en la Franja de Gaza, una acusación que Tel Aviv ha negado reiteradamente.
"Los agentes de inteligencia israelíes con los que conversamos nos hablaron sobre cómo esta matanza masiva es sistémica, no por accidente, sino por diseño", aseguró Abraham el sábado tras recibir el Premio Especial del Jurado. "Creemos que la negación de un delito es lo que ayuda a que persista”.
‘Naza’ también señala el supuesto uso de tecnología y sistemas de inteligencia artificial para masacrar palestinos, lo cual también fue rechazado por el Ejército.
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El grupo militante Hamás pidió el 15 de septiembre que se usen los testimonios recabados en la obra para las investigaciones sobre genocidio en Gaza que se llevan a cabo en tribunales y organizaciones internacionales.
Era el segundo año consecutivo en que una obra sobre Gaza copaba la atención en la ‘Mostra’, luego del éxito en 2025 de ‘La voz de Hind Rajab’, un relato real sobre el asesinato de una niña palestina durante la guerra.
Escalada de reacciones
Luego de la ovación récord del día del estreno, el Ejército israelí emitió un comunicado firmado por el jefe del Estado Mayor, el teniente general Eyal Zamir, en el que denunció que la película “se basa en libelos de sangre, distorsiones deliberadas de la realidad y acusaciones graves y falsas contra los soldados y comandantes de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel)”.
Zamir anunció la creación de un equipo para preparar una respuesta y puso en duda la identidad de algunas de las fuentes citadas de forma anónima. Además, adelantó que estudiarán posibles acciones legales y revisarán si la producción utilizó materiales clasificados que no estaba autorizada a revelar.
El ultraderechista ministro de Seguridad, Itamar Ben Gvir, calificó a los directores de "desgracia y vergüenza" por difamar a los militares; y el partido Likud de Netanyahu publicó un comunicado en el que dijo que la película era “antisemita” e incluso figuras de la oposición se sumaron a las críticas.
El líder del partido de centroderecha ¡Recto!, Gadi Eisenkot, publicó un mensaje en X en el que acusó a los autores de ofrecer una imagen "distorsionada y unilateral" del conflicto, y Naftalí Bénet, del partido centroderechista Beyajad (Juntos), calificó de “especialmente doloroso e indignante” que la película fuera hecha por cineastas israelíes.
En su primer pronunciamiento sobre la producción, el 14 de septiembre, Netanyahu aprovechó para cargar precisamente contra los que serán sus rivales en las elecciones del 27 de octubre, a los que acusó de ser cómplices de una “incitación” contra Israel.
El ministro de Cultura, Miki Zohar, fue el primero que propuso revocar la ciudadanía de los autores de la obra, diciendo que estudiaría la medida.
Zohar también pidió al jefe del Shin Bet (servicio de inteligencia interior), David Zini, que investigue la identidad de las fuentes que declararon de forma anónima y trate de determinar la procedencia de los materiales que se usaron en la película.
El 15 de septiembre, el Ministerio de Exteriores aseguró en un comunicado que la obra es "falsa, construida sobre mentiras y distorsiones de la verdad, con el claro propósito de avivar el sentimiento antiisraelí y contribuir a la demonización y deshumanización de Israel”.
Además, denunció que presenta "acusaciones graves basadas en fuentes anónimas, sin pruebas creíbles ni documentación que las respalde".
Netanyahu recogió la propuesta del retiro de la ciudadanía a Abraham y Szor y agregó en un video en X que “les golpearía el bolsillo al multiplicar por veinte la cuantía de las indemnizaciones por las que pueden ser demandados por difamación".
Para Netanyahu, se impone también la revocación de la nacionalidad para los responsables de la filtración de un video militar que mostraba a soldados israelíes abusando de un detenido en Gaza en 2024.
¿Control de la narrativa?
Los recientes ataques contra ‘Naza’ se unen a las presiones denunciadas por músicos del espectáculo ‘Loop Tour’ del músico británico Ed Sheeran, quienes acusaron al empresario de origen judío Robert Kraft, propietario de un escenario de la gira, de forzar la salida de uno de los teloneros del show, el rapero Macklemore.
Kraft, accionista mayoritario del equipo perdedor del Super Bowl de la NFL este año, los New England Patriots, es propietario del estadio Gillette de Boston, donde Sheeran debe actuar a finales de mes.
Varios teloneros que abandonaron el ‘Loop Tour’ lo señalaron de estar detrás de las presiones para eliminar a Macklemore de la cartelera, luego de que el rapero diera un mensaje a favor de los palestinos en el espectáculo del 5 de septiembre en Nueva Jersey.
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La cancelación de Macklemore trajo consigo una cascada de renuncias. La reacción negativa derivó en el retiro voluntario de la banda danesa Lukas Graham y del cantante irlandés Aaron Rowe, que debían sustituirlo.
Además, salieron de la cartelera el músico estadounidense Finneas, hermano de la también cantante y compositora Billie Eilish, y de Beoga, un grupo folklórico irlandés que formaba parte de la gira de Sheeran desde que ésta se inició en enero en Nueva Zelanda.
"Los artistas no deben ser silenciados cuando alzan la voz en favor de los oprimidos", escribió Finneas en una publicación en Instagram en la que anunció su decisión de no seguir en la cartelera. “Estoy con Palestina y su gente”, remató.
"Somos irlandeses que entienden el colonialismo. Como miembros fundadores del movimiento Artistas Irlandeses por Palestina, somos activistas comprometidos por la justicia y seguiremos siéndolo", señalaron los miembros de Beoga, mientras que Rowe apuntaba que “como irlandeses conocemos demasiado bien el genocidio, la hambruna forzada y la ocupación violenta”.
Kraft se defendió diciendo que la cancelación de Macklemore se debía a “una historia más amplia de retórica e imágenes antisemitas” y matizó explicando que la decisión de eliminarlo “no pretende disminuir el sufrimiento de palestinos inocentes ni negar a nadie el derecho a abogar en su nombre”.
Grupos proisraelíes y la cantante estadounidense Pink, que también es judía, habían denunciado que los comentarios de Macklemore ponían en peligro la seguridad de los judíos y los proisraelíes que asistían a los conciertos.
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Sheeran, por su parte, se excusó débilmente: "Hay una razón por la que no utilizo mi plataforma profesional para la política: mi público incluye jóvenes, a menudo niños, de todos los orígenes. Quienes vienen a mi espectáculo no esperan un foro político".
Con EFE, Reuters y AP
