¿Estás comiendo más fibra? Tus microbios (y tu salud) te lo van a agradecer

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En las décadas siguientes, los investigadores se inclinaron por la teoría de que las personas también estaban enfermando debido a la creciente ausencia de fibra en sus comidas, a medida que pasaban a dietas más ricas en cereales refinados y alimentos procesados, especialmente a raíz de la revolución industrial. Dos cirujanos del Reino Unido, Neil Painter y Denis Burkitt, publicaron un artículo en 1971 en el que calificaban la enfermedad diverticular del colon de “enfermedad por deficiencia de la civilización occidental”, tras observar bajas tasas de esta afección en algunas zonas de África donde la población mantenía una dieta rica en fibra.

Burkitt, Painter y un colega publicaron posteriormente un estudio en el que comparaban el tamaño de las heces y el tiempo que tardaban en atravesar los intestinos de sujetos del Reino Unido, Sudáfrica, Uganda y la India. Descubrieron que las personas de las zonas rurales de Uganda y Sudáfrica —que seguían dietas menos procesadas y más ricas en fibra— expulsaban heces más pesadas y blandas con mayor rapidez que sus homólogos urbanos y europeos. Además, su análisis de los registros de más de 200 hospitales en más de 20 países reveló que la apendicitis, el cáncer de colon y la enfermedad diverticular eran poco frecuentes en los países en desarrollo no occidentales, mientras que las tasas habían ido aumentando en lugares como Inglaterra desde 1870. Burkitt, que más tarde se hizo conocido como “el hombre de la fibra”, planteó la hipótesis de que la culpa la tenían las dificultades para evacuar: así nació la hipótesis de la fibra.

Burkitt y sus contemporáneos habían especulado sobre el impacto de la fibra en la flora intestinal. En 1977, investigadores de la Universidad Tecnológica de Virginia, en Blacksburg, publicaron un estudio sobre varias especies de bacterias del colon que descomponían las fibras alimentarias mediante fermentación, un proceso que proporcionaba a las bacterias el carbono y la energía necesarios para vivir. Los investigadores también descubrieron que esta digestión de la fibra produce moléculas llamadas ácidos grasos de cadena corta que pasan al torrente sanguíneo. Así que, aunque nosotros no digerimos la fibra por nosotros mismos, obtenemos algo de ella gracias a los microbios.

Hoy en día, los investigadores saben mucho más sobre la relación entre la fibra y la salud. Saben que la fibra aporta volumen a las heces, lo que facilita su paso por el sistema digestivo y hace que las personas se sientan más saciadas después de comer. La fibra viscosa, en particular, se une a los ácidos biliares, lo que reduce el colesterol, ralentiza la absorción de nutrientes y mejora los niveles de azúcar y lípidos en sangre.

Y luego están los efectos de la fibra sobre los microbios intestinales, que la digieren para alimentarse. La fibra “es, de hecho, uno de los ingredientes de nuestra dieta que quizá tenga el mayor impacto en el microbioma”, afirma Mahesh Desai, microbiólogo del Instituto de Salud de Luxemburgo.

A su vez, la investigación ha comenzado a explicar cómo esos microbios intestinales influyen en nuestra salud. Un efecto clave es la forma en que esos microbios influyen en la inflamación, que es un factor conocido que contribuye a enfermedades como el cáncer de colon, las cardiopatías y la diabetes.

Pistas en el microbioma

Un enfoque en este tipo de estudios consiste en recopilar datos sobre la dieta de las personas y analizar sus microbiomas y parámetros de salud. En un estudio de 2021, por ejemplo, la epidemióloga Wenjie Ma, del Hospital General de Massachusetts, y sus colegas recogieron muestras de heces de más de 300 hombres cuya dieta se había seguido a largo plazo.

El equipo analizó el ADN de estas muestras, lo que les permitió identificar qué microbios estaban presentes, así como el ARN que producían dichos microbios, lo que les reveló qué actividad metabólica se estaba produciendo. También examinaron los niveles en sangre de los participantes de una sustancia llamada proteína C reactiva, que está estrechamente relacionada con la inflamación crónica.