Salvar el cabello del cáncer con tecnología ya es posible, pero pagarlo es el verdadero reto

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Incluso cuando no se conserva mucho el cabello, hay quienes deciden continuar. Villarreal recuerda casos en los que el cabello se perdió más en unas zonas que en otras, pero las pacientes prefirieron seguir con el enfriamiento porque todavía conservaban parte de él. En su experiencia, algunas también buscan mantener esas zonas mientras comienza la recuperación del cabello después del tratamiento.

El frío puede llegar a ser incómodo. La oncóloga recomienda llevar ropa abrigada, usar guantes o calcetines y tomar bebidas calientes durante la sesión; algunas personas también necesitan un analgésico si presentan dolor de cabeza. En el estudio, los escalofríos y el dolor de cabeza estuvieron entre las molestias más frecuentes, pero solo tres de las 76 pacientes suspendieron el procedimiento porque no lo toleraron.

Durante los primeros años de uso surgió una duda sobre su seguridad. Si el objetivo era reducir la cantidad de quimioterapia que llegaba al cuero cabelludo, existía la preocupación de que esa zona pudiera quedar menos protegida frente al cáncer. Pero Villarreal explica que la evidencia acumulada no ha mostrado un mayor riesgo de metástasis en el cuero cabelludo entre quienes han utilizado estos sistemas.

México tuvo enfriamiento capilar antes que Estados Unidos

Susana Valdez es administradora con especialidad en comercio exterior. Después de trabajar más de una década en la industria automotriz, creó Celeritas Trading and Consulting, una empresa dedicada inicialmente a gestionar importaciones. En 2007, mientras buscaba productos que pudieran tener potencial en México, visitó con su familia una exposición de inventos suecos en Universum, el museo de ciencias de la UNAM.

Casi al final del recorrido encontró un sistema que le llamó mucho la atención; se trataba de un sistema y una gorra de enfriamiento para evitar caída del cabello en quimioterapia. Tomó los datos de contacto de Dignitana, la empresa sueca que desarrollaba DigniCap, y les escribió poco después.

A partir de ese encuentro comenzó el proceso para introducir el equipo al país, que incluyó la obtención del registro ante Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). DigniCap llegó a México en 2010 y, según Valdez, fue el primer sistema automatizado de enfriamiento capilar continuo disponible en el país.

Poco después comenzó a probarse en pacientes. En mayo de 2011, el Centro Médico ABC, uno de los hospitales privados de alta especialidad con mayor trayectoria nacional, inició un protocolo con 12 personas que utilizaron el sistema hasta febrero de 2012.

La experiencia mexicana comenzó varios años antes que la estadounidense. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) autorizó DigniCap hasta diciembre de 2015, inicialmente para reducir la caída del cabello en mujeres con cáncer de mama y fue el primer sistema de enfriamiento capilar autorizado por esa agencia.

La tecnología también ha cambiado con el paso del tiempo. DigniCap C3, el modelo que comenzó a utilizarse en México en 2010, empleaba una gorra de silicón y trabajaba con temperaturas de entre 3 y 5 °C. La generación más reciente, DigniCap Delta, incorpora una envoltura de enfriamiento más flexible que se ajusta mejor a la forma de la cabeza y puede trabajar a temperaturas más bajas. Con estos cambios se busca mejorar el contacto con el cuero cabelludo y reducir el tiempo de enfriamiento que debe mantenerse después de la quimioterapia.

¿Quién puede acceder al enfriamiento capilar?

El costo sigue siendo una de las principales barreras. Valdez calcula que un equipo de DigniCap cuesta alrededor de 906,000 pesos mexicanos (53,000 dólares) más IVA y que, en los centros donde Celeritas presta directamente el servicio, cada sesión ronda los 4,500 pesos (295 dólares). El gasto total depende del número de quimioterapias que necesite cada paciente, que puede variar desde unas cuantas sesiones hasta más de una decena.

Ese monto se suma al costo de un tratamiento oncológico que ya puede ser elevado. Un estudio realizado en 2023 calculó que la atención médica directa del cáncer de mama, desde el inicio de la atención en tercer nivel hasta concluir el primer tratamiento, costaba en promedio 99,000 pesos en etapas iniciales y 148,000 pesos en etapas avanzadas (entre 5,800 y 8,700 dólares). Las cifras, calculadas con costos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) de 2019, incluyen estudios, medicamentos, hospitalización y procedimientos, pero dejan fuera gastos indirectos como transporte o pérdida de ingresos