"No hay dónde vivir, lo perdimos todo". El sentimiento de Ebert Jonathan Morales describe el de muchos de los más de 100.000 afectados por el devastador terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el lunes pasado.
Si bien lograron salir con vida de la catástrofe –que ha causado al menos 287 muertos, según el más reciente balance oficial, casi 4.000 heridos y todavía cientos de desaparecidos–, los sobrevivientes enfrentan el trauma de haber perdido, en muchos casos, sus viviendas o sus fuentes de trabajo, lo que afecta su capacidad de seguir adelante después de lo vivido.
"Nos quedaremos aquí hasta que el Gobierno nos brinde ayuda y apoyo"
En un refugio de Cali –una de las ciudades más afectadas junto con Pereira, Manizales y Quibdó–, Morales, de 38 años, es uno de las decenas de miles de personas que ya no tienen una casa a la cual regresar y que enfrentan la difícil tarea de reconstruir sus vidas desde cero.
"El terremoto destruyó varios barrios de la ciudad. Muchas casas resultaron dañadas y varios edificios se derrumbaron", explicó a la agencia de noticias AP el hombre, que se encuentra en el albergue junto a su esposa y sus cuatro hijos. "Nos quedaremos aquí hasta que el Gobierno nos brinde ayuda y apoyo", sentenció.
Precisamente, la devastación ha significado la primera gran prueba para el Gobierno del presidente colombiano Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo apenas tres días antes de la tragedia.
Con miles de escuelas, centros médicos y edificios comunitarios dañados en más de 400 ciudades, el líder ultraderechista ha reconocido que "la situación es compleja" y anunció un plan para que el sector privado colabore con la reconstrucción, así como la entrega de subsidios para las familias sin hogar.
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Familias a la intemperie, solidaridad entre vecinos
Sin embargo, más allá de planes a largo plazo, en lo inmediato, muchos damnificados necesitan al menos algún lugar dónde dormir o recibir comida y otra asistencia básica, mientras en algunas zonas la ayuda gubernamental aún no ha llegado y las redes de contención las crean voluntarios y habitantes.
"Ahora mismo estamos prácticamente en la calle porque ya no tenemos hogar"
Olga Castro, madre de cinco hijos, le indicó a AP que "una vecina me está dando cobijo" y, aunque agradeció que "al menos sobrevivimos", reconoció que "ahora mismo estamos prácticamente en la calle porque ya no tenemos hogar".
Yezid Alvarado Vargas, profesor de ingeniería de la construcción en la Universidad Javeriana de Bogotá, advirtió que se requiere una "evaluación técnica rigurosa" para determinar qué edificios se pueden utilizar, cuáles pueden ser reparados y cuáles deben ser demolidos.
Por eso, añadió que "antes incluso de hablar de reconstrucción, debemos garantizar vivienda temporal, alimentos, atención médica, la continuidad de los servicios básicos y apoyo económico para las familias que perdieron sus hogares o medios de subsistencia".
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En San Francisco, un corregimiento del Valle del Cauca, cerca de la ciudad de Pereira, la mayoría de las casas colapsaron durante el sismo y las que quedaron en pie deberían ser derribadas por motivos de seguridad, según indicó a France 24 un equipo de ingenieros voluntarios que está valorando el daño de las infraestructuras.
"Me da mucha tristeza ver mi casa así, a mi mamá también se le cayó la casita", explicó entre lágrimas María Echeverri, una de las damnificadas de este pequeño poblado. En pleno diálogo con nuestro medio, un voluntario en motocicleta se acercó repartiendo pan y otros alimentos de la escasa ayuda disponible en la zona.
Por eso, Jaime Giraldo, otro residente del área, pidió auxilio "con lo que puedan ayudarnos, sobre todo a las personas de mayor edad, que necesitan dónde vivir, carpas, colchones, lo que se pueda". "Lo perdimos todo, quedamos todos sin nada", sentenció.
En Pereira y Cali, por su parte, familias han estado durmiendo en parques, algunas por temor a las réplicas o el derrumbe de sus casas dañadas, y otras porque se quedaron sin techo.
Edith Penagos, de 48 años e instalada junto a su hijo adolescente en una de las carpas instaladas en un parque de Pereira, destacó a AP, pese a todo, que "tenemos lo más importante: un techo sobre nuestras cabezas, comida, agua y, en mi caso, atención médica".
En otros casos, autoridades locales han habilitado escuelas y edificios públicos como refugios y han proporcionado tiendas de campaña, colchones y alimentos a los afectados.
La doble tragedia de desplazados y habitantes de zonas marginadas
En muchas zonas, incluido el epicentro del terremoto, el departamento del Chocó, el terremoto sacudió zonas de por sí afectadas por la pobreza extrema y por la violencia de grupos armados y criminales, que han provocado oleadas de desplazamientos forzados durante décadas.
En este sentido, en el noroeste selvático del país, el verdadero impacto del sismo sigue siendo en gran medida desconocido debido a la pérdida del servicio de telefonía móvil y a que muchas de las comunidades probablemente golpeadas son remotas y solo accesibles por río.
"Se trata de territorios aislados y marginados, históricamente carentes de apoyo institucional, ya azotados por la violencia, y ahora golpeados por un terremoto de esta magnitud", destacó María Mercedes Liévano, directora de Save the Children en Colombia.
"Es una crisis sobre otra crisis, que deja a la población en una situación de extrema vulnerabilidad", añadió, refiriéndose a comunidades como Buenaventura, el principal puerto del país, y el Chocó.
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Mientras la asistencia oficial se ve dificultada por estas condiciones y a la espera de la prometida ayuda humanitaria internacional de países como Estados Unidos, China o Emiratos Árabes Unidos, muchas organizaciones que ya se encontraban en estas zonas están coordinando la respuesta inicial al desastre.
“Tenemos presencia sobre el terreno. Por lo tanto, creo que nuestra capacidad de estar allí, presentes con la gente, ha aumentado exponencialmente”, indicó el martes María José Torres Macho, coordinadora residente de la ONU en Colombia.
Miembros de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) también han conseguido llegar a San José del Palmar, la localidad donde se registró el epicentro del movimiento telúrico, y la entidad ha advertido que las necesidades van en aumento entre numerosas comunidades de desplazados y refugiados por la violencia interna, que ahora se vieron sacudidas por el terremoto.
La portavoz de la agencia Eujin Byun señaló que las urgencias incluyen alojamiento, alimentos, agua potable, atención sanitaria y apoyo psicológico.
"En algunas de las zonas más afectadas, familias que ya se habían visto obligadas a abandonar sus hogares se enfrentan ahora a la posibilidad de perderlos una vez más", concluyó Byun.
France 24 con AP y EFE
