América Latina vendió más de 350,000 vehículos eléctricos en 2025, un crecimiento de 75% frente al año anterior, según la Agencia Internacional de Energía. Brasil y México concentraron tres cuartas partes de ese aumento, impulsado en buena medida por modelos producidos fuera de la región.
El avance de las ventas contrasta con una industria local todavía limitada. Buena parte de los vehículos eléctricos vendidos en América Latina pertenecen a marcas extranjeras, mientras los proyectos que diseñan y ensamblan modelos propios siguen siendo excepcionales. Desarrollarlos requiere, entre otras cosas, inversión, proveedores, personal especializado, baterías y redes capaces de ofrecer carga, refacciones y mantenimiento.
Zacua, en México, y Quantum Motors, en Bolivia, son dos empresas que han intentado abrirse paso con vehículos bajo marcas propias. Sus equipos y volúmenes son pequeños frente a los de las grandes armadoras, pero sus experiencias permiten entender los obstáculos que enfrenta la producción local.
Ambas surgieron antes de la expansión reciente del mercado de electromovilidad y atraviesan etapas diferentes. La mexicana prepara nuevos modelos después de vender una primera serie, mientras la boliviana ha extendido su operación a distintos países. WIRED en Español conversó con Filiberto Tamez, director de marca de Zacua, y Carlos Soruco, cofundador de Quantum Motors, para conocer qué implica diseñar, fabricar y comercializar vehículos eléctricos bajo marcas latinoamericanas.
Dos caminos para fabricar un auto propio
Zacua pertenece a Motores Limpios, una compañía mexicana cuyo proyecto fue impulsado por el empresario Jorge Martínez Ramos con la idea de desarrollar tecnología automotriz propia. Actualmente, Nazareth Black se desempeña como CEO de la marca. “Zacua nace hace poquito más de 20 años como una idea”, cuenta Tamez.
El proyecto fue presentado públicamente como marca en 2017 y, un año después, inauguró una planta de ensamble en Puebla. Ahí comenzó la producción de los MX2 y MX3, dos autos eléctricos de dos plazas, de poco más de tres metros de largo y pensados para recorridos urbanos.
De acuerdo con Tamez, la planta arrancó con una primera serie de 100 unidades, lo que sirvió para probar los vehículos en condiciones reales. La suspensión tuvo que adaptarse a los baches de las ciudades mexicanas y la electrónica se sometió a temperaturas superiores a los 40 grados.
“Tuvimos dos años para hacer pruebas del vehículo en calle", recuerda Tamez. "Estábamos muy contentos, teníamos todo planificado, hicimos el lanzamiento oficial y entonces llegó la pandemia”.
La comercialización comenzó a inicios de 2020. Ante la emergencia sanitaria, la empresa concentró sus recursos en investigación y desarrollo, y terminó de vender la primera generación después de la pandemia. Actualmente, Zacua no mantiene una producción continua de vehículos nuevos, pero ya trabaja en una nueva generación. El directivo describe este periodo como una etapa de “consolidación financiera y tecnológica”.

