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Francisca Valenzuela condensa todos los sentimientos posibles del primer año como madre primeriza en MALDITA, su séptimo álbum de estudio, y una declaración sumamente audaz y honesta.
Lanzado el jueves (30 de julio) bajo su propio sello Frantastic Records, el set de 12 canciones navega de la ilusión y el amor a la depresión posparto y la confusión en títulos como “Bugambilia”, “Malacara” o “Debería tomar más agua”. Abre con la canción homónima del disco y, desde los primeros versos, la artista captura nuestra total atención: “Maldigo el día en que nací, maldigo el día en que parí, maldigo mi juventud, eterna ineptitud”, canta con una crudeza desgarradora sobre unas pocas notas de piano.
“El concepto de MALDITA nace en parte por esta sensación de ambivalencia y contradicción de decir: estoy en un gran momento, en un momento luminoso, en un momento de revolución, de amor, de ternura, y a la vez estoy aterrorizada, a la vez me siento conflictuada y complicada y tensa y en alerta y como incapaz”, dice la cantautora chilena a Billboard Español. “Es decir, yo elegí este momento, el mundo me dijo que va a ser el mejor momento de mi vida, el mundo me dijo que vas a saber hacerlo y no sé hacerlo y estoy sufriendo y es terrible y es como una maldición porque fallo todo el tiempo”.
Continúa: “Entonces se llama MALDITA por esta como condena que va más allá de mí, que está tomando mi cuerpo, mi tiempo, mi energía, mi corazón, mi mente, mi todo. Y también se llama MALDITA porque, a la hora de explorar temática de posparto y decir ‘OK, voy a lanzarme a explorar esto que es tabú, que está poco explorado de la maternidad, este aspecto consciente’, me empecé a dar cuenta cómo la maternidad, o la no maternidad, iba tan de la mano con esta herencia feminista también de ira, de histeria, de represión y de invisibilización”.
Pero no todo es oscuridad. Como la evolución de la maternidad misma, MALDITA va floreciendo para ofrecer momentos ampliamente luminosos sobre todo hacia el final. A títulos que también incluyen “Extracción” — que ilustra de manera genial el tema de la lactancia materna — y “No te aburras de mí” — sobre los ajustes en la relación de pareja ante la nueva realidad de ser padres — les siguen temas como “Nací necesitándote”, “Año uno” y “Komorebi”, mostrando a una madre más cómoda y segura en su nuevo rol.
Con MALDITA, la artista nominada a cuatro Latin Grammys intenta normalizar una realidad que muchas mujeres viven en silencio por vergüenza. “Hay un costo en expresarse”, afirma. “Yo tengo la oportunidad y el privilegio de poder crear hoy en día una obra que explora esto que es tan importante personalmente y para todas, que muchas se pueden reconocer en ella”.
A continuación, Valenzuela desglosa cinco canciones esenciales de su nuevo álbum. Para escucharlo completo, haz clic aquí.
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“Maldita”
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Es una declaración verborréica de mi contradicción de existir — es decir, de por una parte sentir que tenemos todo, o uno puede tener todo, y aún así estar insatisfecha o sentir que está pegada con algo negativo. Es un poco esa incapacidad o ese flagelo de no poder como madurar, y la idea de que uno a veces se siente maldita por equis situación. La empecé a escribir así, en este formato como de enumeración, e incluye de lo más profundo a lo más mundano. También decidí que fuera un poco como un homenaje a “Maldigo el alto cielo” de Violeta Parra, que me gusta mucho, la he cantado en varias ocasiones. Y me encanta esta idea poética envolvente de enumerar estas cosas de la vida que se sienten contradictorias y que te llevan en un viaje, en una viñeta tras viñeta de imágenes.
En cuanto a la grabación de la canción, es una toma de piano directo así, ta-ta-ta-ta, y fue el final, que es una toma en mi casa con mi bebé corriendo por ahí, con el celular. Me pareció que era entretenido abrir el disco con esa porque tiene como un espíritu muy visceral y además tiene una cosa un poco más lúdica, medio autocrítica, como self-deprecating. Esa es “Maldita”.
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“Bugambilia”
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Es sobre depresión posparto y yo diría que ansiedad posparto, por no decir psicosis, pero creo que es como esa delgada línea, ese delicado camino hacia un estado enajenado de posparto. Se llama “Bugambilia” porque en mi casa tengo un árbol de bugambilia fuera de mi ventana, y cuando estaba en ese bucle de dar pecho, estar sola en la casa con la bebé sola, todos los días me sentaba en el mismo sofá mirando esa bugambilia con el mismo pájaro, con la misma reja, con la calle al frente. Y era como que no pude creer que era mi vida de repente. Era como que la vida sucedía más allá y yo estaba en este como twilight zone (dimensión desconocida).
La canción la escribí un día en la noche sola en el piano. La grabé de una sentada, piano y voz, en dos tomas. No tuve más tiempo porque después se despertó [mi hija] Roma y tuve que ir a verla a su cuna. Y me daba una vergüenza muy grande de alguna manera mostrarla porque me sentía muy culpable de que esa fuera mi experiencia en parte de la maternidad. Me acuerdo que [mi productor] Francisco [Victoria] me dijo: “Amiga, esto es revolucionario, me hace pensar en mi mamá, en sus problemas, me hace pensar en ti, en las mujeres. Tiene que estar”. Y fue muy emocionante porque siento que fue darle palabra, ponerle palabras y forma a lo que sentí, que era tan angustiante y tan vergonzoso. Uno hoy entiende como la etapa de fragilidad que es y cómo requiere ese cuidado. Y hoy estoy enamorada de mi hija, pero también entiendo que uno se enamora con el tiempo.
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“Malacara”
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“Malacara” es una canción de ira, y le digo ira femenina porque siento que a las mujeres nos dicen que no podemos estar enojadas nunca, que tenemos que sonreír. Es una canción que habla de la sensación y presión que uno siente muchas veces — es como llegar a un punto, especialmente posparto, cuando uno no tiene tiempo que perder y está agotada y dice como, bueno, me da lo mismo lo que pienses de mí. La canción tiene ese espíritu rockero, desafiante, coqueto, que rompe con ese paradigma de ser una mujer complaciente.
Hay dos cosas en esta canción que me gustó mucho explorar. Estructuralmente, al darme cuenta que quería hablar de este tema y empezar a escribirlo así, esta catarsis como de rabia, empecé a buscar las frases de mujeres que me inspiraron a hablar de rabia también y que han hablado de la rabia. Entonces hay un extracto de un ensayo de Audre Lorde que habla de la ira como una energía constructiva y me encantó ese acercamiento, porque uno sí siente que la energía de la rabia es eléctrica, que te activa… y se puede usar la rabia como una fuerza catalizadora y de cambio.
Y luego hay una cita a Cecilia Vicuña, que es una artista chilena que me fascina, que también dice: tu rabia es tu oro. Y me encantó eso, que fuera algo valioso en mí y no algo malo, porque cuánto tiempo he pasado desde que mi primera canción salió que todo el mundo me dice: “Ay, Fran, ¿por qué eres quejumbrosa? ¿Por qué sientes tanto, te enojas tanto?”. Entonces me encantó eso.
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“Año uno”
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Cuando trabajé el disco, decía “de maldita a bendita”. Si tú ves el álbum, el momento de transición justo es “Año uno”. Lo escribimos con mi pareja [Daniel Matamala] cuando Roma cumplió un año. Y yo dije como: “OK, hay un momento que ahora puedo dormir, que el ciclo continúa pero no me siento igual, no me siento maldita, no me siento tomada por este dolor y esta angustia”. Es un paso de la oscuridad a la luz.
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“Komorebi”
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“Komorebi”, que significa la luz que entra entre las hojas de los árboles en japonés, cierra el álbum porque justamente este momento es más luminoso, y lo que yo me di cuenta al armar el disco es que no es un álbum como triunfante, no termina diciendo como: “Sé lo que estoy haciendo, estoy feliz”, sino que es un álbum que acepta la derrota y el dolor y la fragilidad y la imperfección. Y aún así dices: “¿Sabes qué? Está todo bien, la vida es sabrosa”. Como que puedo amar, puedo entregarme, puedo sentir placer, puedo estar vulnerable. “Komorebi” es como, OK, soy un desastre total, puedes quererme de todos modos — te estoy pidiendo que tú me quieras igual. “Komorebi” es casi el encuentro conmigo misma perdonándome frente a ser como este monstruo por un tiempo, o decir esta oscuridad convive en mí y me puedo aceptar igual.
