
¿Tu perro es derecho o zurdo? Entenderlo es más complicado de lo que podría parecer. Por otra parte, incluso en los seres humanos es más difícil de lo que se cree. Así lo ha recordado un equipo de investigadores italianos en las páginas de la revista Royal Society Open Science, al presentar un nuevo sistema para determinar si tu perro es derecho o zurdo. Pero, antes que nada, ¿por qué hacerlo, por qué estudiarlo?
El equipo de Marcello Siniscalchi, de la Universidad de Bari, al frente del estudio, estaba interesado en profundizar en los mecanismos que regulan la lateralidad, es decir, la dominancia de un lado sobre el otro, lo que se corresponde con una dominancia hemisférica, como precisamente la preferencia por una mano (o pata) sobre la otra. En los últimos años, recuerdan los autores, diversas investigaciones han demostrado la existencia de la lateralidad en los perros en distintos ámbitos, no solo en el motor, sino también en el sensorial. “Además de su importancia en la investigación comparativa sobre la lateralidad, se lee en el artículo, los perros también representan un excelente modelo traslacional gracias a su larga historia evolutiva compartida con los seres humanos, lo que ha dado lugar al desarrollo de capacidades sociocognitivas avanzadas y características conductuales comparables a las humanas”. Por eso han querido profundizar en el tema.
Cómo se evalúa la preferencia por las manos y las patas
En los seres humanos se utilizan diversas pruebas para determinar si se es diestro o zurdo: no basta con observar con qué mano se escribe; para obtener análisis precisos se necesitan cuestionarios que investiguen la preferencia en diversas actividades, aunque también pueden utilizarse pruebas prácticas, incluso para evaluar la fuerza con la que se realizan determinadas acciones con una mano u otra. Los autores recuerdan que también existen métodos similares para evaluar la lateralidad en los perros, pero cada uno presenta sus limitaciones y, sobre todo, no existe una prueba que tenga en cuenta las preferencias en diversas actividades y que ayude a comprender también cuán marcada es la preferencia de una pata sobre la otra. En definitiva, algo similar al Edinburgh Handedness Inventory (EHI) que se utiliza con los seres humanos, y el equipo de Siniscalchi ha intentado diseñar uno análogo para los perros.
El estudio en perros
En el estudio participaron unos cuarenta perros. Y al igual que la prueba EHI analiza la preferencia en el uso de las manos en distintos ámbitos (como el uso de cubiertos, tijeras, la escritura y el dibujo), también lo hace la desarrollada por Siniscalchi y sus colegas. En concreto, los investigadores analizaron la preferencia en el uso de las patas de los perros a la hora de manejar un juguete que contenía una recompensa de comida, al bajar escaleras o una plataforma (observando qué pata se utilizaba primero) y al intentar alcanzar comida colocada debajo de los muebles. Posteriormente, utilizaron los resultados de las pruebas para calcular el índice de lateralidad y el cociente de lateralidad, de forma análoga a lo realizado con el EHI, hasta tal punto que su sistema, en analogía con el Edinburgh Handedness Inventory, se denomina Doginburgh Inventory. El resultado final indica si el perro es diestro o zurdo y en qué medida lo es.
Según este sistema, un tercio de los perros estudiados muestra una lateralización marcada (en su mayoría zurdos), aproximadamente la mitad presenta una lateralización leve (con una distribución equitativa entre zurdos y diestros) y alrededor del 20% de los animales puede considerarse ambidiestro. De hecho, se crean cinco categorías (teniendo en cuenta dos para la lateralización fuerte y dos para la débil). Sin embargo, los investigadores explican que la preferencia por un lado frente a otro y su intensidad varían de una prueba a otra, y confirman que, en algunos casos, el sexo (al igual que en nuestra especie) puede influir en ella (también en este caso ocurre lo mismo en nuestra especie, con la tendencia, por ejemplo, a que el zurdismo sea más común entre los hombres).
El inventario de Doginburgh no es solo una “herramienta”
Pero no se trata solo de preferencias en el uso de la pata. De hecho, algunas investigaciones sugieren que la lateralidad motora, y su intensidad (es decir, hasta qué punto un perro es más o menos diestro o zurdo), se asocia con características conductuales e inmunitarias, así como con rasgos emocionales, aunque los autores señalan que las pruebas en este campo no son del todo claras.
De hecho, el Inventario de Doginburgh no es solo una herramienta: para los investigadores será fundamental a la hora de aclarar mejor el vínculo entre la lateralidad, la fisiología y los procesos cognitivos. A la espera, quizá, de un Inventario de Catinburgh: tal y como se ha confiado a Science News, los científicos también están trabajando para estudiar las preferencias de lateralidad motora en los gatos.
Artículo originalmente publicado en WIRED Italia. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.
