Este experimento con los codos revela por qué tu mano dominante es, bueno, la dominante

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Cuando lanzas una pelota de béisbol, lo haces mejor con tu mano dominante, independientemente de si eres diestro o zurdo. Si alguien te pregunta por qué, probablemente contestarías que se debe al sofisticado principio de que esa es la mano que has usado toda tu vida. Durante años, un neurocientífico probablemente te habría corregido. Una hipótesis ampliamente aceptada en su campo dice que la superioridad de la mano dominante, izquierda o derecha, proviene del hemisferio cerebral que controla esa mano, el cual tendría una especialización innata para controlar movimientos precisos.

Sin embargo, un reciente estudio publicado en PNAS aporta evidencia a favor de una explicación distinta: la superioridad de la mano dominante podría ser, sobre todo, el resultado de décadas de práctica utilizando herramientas y objetos que exigen controlar trayectorias complejas.

La prueba del codo

Los científicos buscaron una manera de enfrentar ambas explicaciones. Recurrieron a un experimento fuera de lo común: pidieron a los participantes escribir con los codos. Sujetaron un bolígrafo a cada brazo y les pidieron escribir la letra "A" y el número "8″.

La lógica es simple. Si la mano dominante es más hábil gracias a una ventaja innata del cerebro para controlar movimientos precisos, esa superioridad también aparecerá al escribir con el codo del lado dominante. Pero si la diferencia es el resultado de toda una vida de práctica, ambos codos deberían desempeñarse igual de mal, porque nadie aprende a escribir con ellos.

Los resultados fueron consistentes con su hipótesis. La escritura con las manos mostró la esperada ventaja del lado dominante, pero al escribir con los codos esa diferencia desapareció. Incluso cuando entrenaron a otro grupo de voluntarios para escribir utilizando esa articulación, ambos codos mejoraron prácticamente al mismo ritmo.

Para los autores, el resultado sugiere que la habilidad asociada a la mano dominante no depende de una ventaja general del hemisferio cerebral que la controla, sino de la experiencia acumulada practicando tareas específicas.


Un concepto de los dos hemisferios cerebrales

El cerebro funciona como una máquina que integra información de ambos hemisferios para obtener ventajas biológicas y la vista es el mejor ejemplo de ello.


“No se prefiere la mano dominante porque sea más hábil. Se vuelve más hábil porque uno la prefiere. Y no se notaría ninguna diferencia entre ambas manos sin las herramientas y los objetos del mundo que requieren práctica para usarlos correctamente”, resume John Krakauer, uno de los autores del estudio, en un comunicado.

El experimento del codo fue la evidencia más intuitiva, pero no la única. En otra serie de pruebas, los investigadores compararon el desempeño de ambos brazos durante movimientos normales, con una pesa en la muñeca y utilizando una vara ligera. Si la teoría clásica era correcta, aumentar la dificultad física del movimiento debía favorecer aún más al brazo dominante. Sin embargo, la diferencia apareció sobre todo cuando los participantes utilizaron la herramienta, un resultado que también apuntó hacia la importancia de la experiencia.

¿Una ventaja que se aprende?

Tomados en conjunto, ambos experimentos apuntan en la misma dirección: la superioridad de la mano dominante parece surgir menos de una ventaja general del cerebro para controlar el movimiento y más de las habilidades específicas que acumulamos durante años usando herramientas, escribiendo o manipulando objetos con nuestra mano preferida.

“Dado que los humanos somos usuarios y fabricantes de herramientas excepcionalmente prolíficos, la lateralidad manual podría ser un subproducto de nuestra inventiva. La lateralidad manual puede considerarse una huella dactilar de la cultura humana del uso de herramientas”, agrega Ahmet Arac, otro de los autores.

Los propios autores reconocen que el debate sigue abierto. Proponen repetir este tipo de experimentos en personas zurdas, pacientes que han tenido que cambiar de mano dominante y usuarios de prótesis, donde la biología y la experiencia podrían separarse con mayor claridad. Pero si su interpretación es correcta, cada firma, cada dibujo y cada objeto que aprendimos a manipular desde la infancia habrían hecho mucho más por nuestra destreza que una ventaja innata del cerebro.