
El pez dorado (Carassius auratus) es una de las especies ornamentales más criadas y comercializadas en el mundo. Sin embargo, cuando ejemplares de los que sus dueños ya no pueden hacerse cargo son liberados en estanques, ríos o lagos, o escapan durante inundaciones, pueden establecerse con rapidez en el medio natural y formar poblaciones invasoras. Aunque este fenómeno es bien conocido, hasta ahora se había investigado poco el impacto que la presencia de estos peces tiene sobre los lagos donde habitan especies nativas y el equilibrio de sus ecosistemas.
Un equipo de investigación de la Universidad de Toledo y la Universidad de Missouri llevó a cabo un experimento utilizando un gran tanque al aire libre (mesocosmos) que simulaba el entorno real de un lago. Soltaron peces dorados tanto en aguas oligotróficas, sin nutrientes añadidos, como en aguas eutróficas, con nitrógeno y fósforo añadidos, y realizaron un seguimiento para observar cómo cambiaba el ecosistema.
"Queremos que más gente sepa que las criaturas que tienen como mascotas pueden dañar los ecosistemas de agua dulce. Incluso si se liberan peces dorados en la naturaleza con buenas intenciones, podrían convertirse en una grave amenaza ecológica", explica William Hintz, profesor asociado de ciencias ambientales en la Universidad de Toledo.
El agua de los lagos se deteriora rápidamente
Hintz y su equipo recrearon cuatro escenarios experimentales en un mesocosmos para evaluar el impacto de los peces dorados en el ecosistema. En el primero introdujeron tres peces dorados (baja densidad); en el segundo, seis peces dorados (alta densidad); en el tercero combinaron tres peces dorados con tres peces nativos de Norteamérica; y en el cuarto utilizaron únicamente seis peces nativos como grupo de control.
Estos se dividieron en dos patrones, oligotrófico y eutrófico, y se realizó un seguimiento de los cambios en la calidad del agua y la biomasa durante 61 días bajo un total de ocho condiciones. Mediante diseños que variaban el número total de peces y diseños que variaban la combinación de especies de peces, fue posible distinguir entre los efectos de los propios peces dorados y los efectos de un simple aumento en el número de peces.
El experimento reveló que, en ambientes eutróficos, los peces dorados redujeron rápidamente la claridad del agua y la cantidad de partículas en suspensión aumentó visiblemente. El equipo de investigación cree que esto se debe a que, al alimentarse, los peces remueven el lodo y la arena del fondo del lago, removiendo partículas inorgánicas finas. El experimento también confirmó que la turbidez no se debía a un aumento de algas (fitoplancton).
Por otro lado, estos cambios apenas se observaron en ambientes pobres en nutrientes. Este resultado indica que los peces dorados son más susceptibles a las perturbaciones ambientales en lagos ricos en nutrientes.
Impacto en los organismos nativos y las plantas acuáticas
Se ha descubierto que los peces dorados afectan no solo la calidad del agua, sino también a diversos organismos que habitan el lago. Según los investigadores, las poblaciones de pequeños organismos como caracoles, pequeños crustáceos (anfípodos) similares a los camarones y zooplancton han disminuido significativamente. Estos organismos son importantes para el buen funcionamiento de la cadena alimentaria de agua dulce, y se cree que se han visto gravemente afectados tanto por la depredación de los peces dorados como por la alteración de su hábitat.
Cabe destacar que los peces autóctonos que competían con los peces dorados por recursos como el alimento mostraron una disminución en los indicadores de tamaño corporal. Los investigadores consideran que este es un signo importante relacionado con la salud a largo plazo de la población.

