32 horas de lucha: el niño que sobrevivió bajo los escombros del terremoto en Cali

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Un ladrido entre los escombros. En la noche del martes 11 de agosto, cuando habían transcurrido más de 32 horas desde el terremoto, los equipos de emergencia encontraron una señal que podía cambiarlo todo.

Una pastora holandesa llamada Hill, de siete años, integrante de uno de los binomios de búsqueda de la Cruz Roja Colombiana en el Valle del Cauca, marcó la posible presencia de una persona bajo los restos de una edificación en el sector Cuarto de Legua.

El equipo de rescate comenzó entonces una operación contrarreloj. El volumen de escombros hacía difícil establecer con precisión dónde se encontraba el menor. Pero hubo otra señal decisiva: su voz.

Los rescatistas y los vecinos intentaron orientarse siguiendo los sonidos que llegaban desde el interior de la estructura. Poco a poco, lograron acercarse hasta establecer contacto con el niño y comenzar la remoción de los materiales que lo mantenían atrapado.

“Fue una labor ardua de toda la comunidad”, narró al diario local ‘El Tiempo’, Roger Casas, coordinador del grupo de rescate canino de la Cruz Roja Colombiana en el Valle del Cauca. Según explicó, los vecinos y los socorristas se guiaron por los lugares donde creían escucharlo, hasta conseguir un contacto más cercano y empezar a retirar los escombros para llegar hasta él.

Después de horas de trabajo, el menor fue finalmente extraído con vida y recibió atención médica para evaluar su estado tras permanecer más de un día atrapado, sin agua ni comida y sin compañía.

Para Casas, quien ha participado en otras operaciones de emergencia, entre ellas los terremotos de Venezuela y Ecuador y el terremoto de Armenia de 1999, el rescate tuvo un significado particular.

“Esa es una de las cosas que más me han marcado en estos momentos, y es de lo más bonito que ha sucedido”, afirmó.

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El trabajo silencioso de los perros de rescate

El hallazgo fue también el resultado del trabajo de los equipos caninos desplegados en Cali. Desde el terremoto, cuatro binomios de la Cruz Roja han recorrido diferentes puntos de la ciudad en busca de señales de vida.

Hill, Isis, Max, Rufo y Apolo han sido parte de esas labores. Cada marcación —el ladrido o señal que indica una posible presencia humana— puede abrir una nueva oportunidad de supervivencia entre toneladas de concreto y otros materiales.

Casas, sin embargo, advierte que la angustia puede convertirse también en un obstáculo. La llegada de personas que intentan ayudar alrededor de las estructuras puede dificultar la labor de los animales y de los especialistas.

El rescatista explicó que los perros necesitan tiempo y espacio para revisar las zonas. Interrumpir su labor, incluso con la intención de ayudar, puede retrasar la localización de una persona.

Un perro de rescate camina sobre los escombros mientras el personal de rescate trabaja en el lugar de un edificio dañado tras un terremoto, en Pereira, Colombia, el 11 de agosto de 2026.
Un perro de rescate camina sobre los escombros mientras el personal de rescate trabaja en el lugar de un edificio dañado tras un terremoto, en Pereira, Colombia, el 11 de agosto de 2026. © Reuters/Luisa González

“Ellos piensan que si dejan de trabajar 10-15 minutos mientras los perros están trabajando, la gente se va a morir. Y es al contrario (…) Los perros, en esos 15 o 20 minutos, pueden barrer el área que ellos van a demorar tres o cuatro horas barriendo”, señaló.

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Una señal de esperanza en medio de la tragedia

El rescate del niño se produjo mientras Cali y otras zonas del occidente colombiano continuaban enfrentando las consecuencias del terremoto de magnitud 7,4, cuyo epicentro fue localizado en San José del Palmar, en Chocó.

En Cali, las autoridades reportaron decenas de personas fallecidas, miles de heridos y desaparecidos, además de edificaciones colapsadas, otras con daños parciales y cientos de estructuras afectadas. Las labores de búsqueda se concentraron especialmente en sectores de las comunas 18 y 19, donde algunos puntos permanecieron restringidos para facilitar el trabajo de los organismos de socorro.

Cada hora transcurrida aumenta la dificultad de encontrar sobrevivientes, pero los equipos especializados mantienen la búsqueda en los lugares donde todavía existen indicios de vida. La llamada “ventana de oro” de los rescates posteriores a un terremoto comprende, de manera general, las primeras 48 a 72 horas, un periodo en el que cada señal puede ser determinante.

El rescate del menor, después de más de 32 horas bajo los escombros, se convirtió así en algo más que una operación exitosa. Para los familiares de quienes todavía esperan noticias y para una comunidad golpeada por la pérdida, su supervivencia recordó que, incluso entre la destrucción, todavía puede aparecer una voz.

Un perro de rescate y un bombero permanecen entre los escombros de un edificio dañado tras un terremoto en Pereira, Colombia, el 11 de agosto de 2026.
Un perro de rescate y un bombero permanecen entre los escombros de un edificio dañado tras un terremoto en Pereira, Colombia, el 11 de agosto de 2026. © Reuters/Luisa González

Casas destacó precisamente ese sentimiento que ha acompañado las labores de emergencia: “Lo más bonito que se ha visto acá es la solidaridad de todos los caleños, de toda Colombia, porque ha llegado ayuda de todas partes”.

Las autoridades, entretanto, han pedido a los ciudadanos mantener esa solidaridad, pero dejar las tareas de búsqueda y extracción en manos de los grupos especializados. También han insistido en consultar únicamente los canales oficiales para conocer las novedades de la emergencia y evitar que la desinformación aumente la incertidumbre.

Mientras continúan las labores, el niño rescatado permanece como uno de los rostros de una esperanza que, entre el silencio de los escombros y el trabajo incansable de los socorristas, todavía se niega a desaparecer.

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Con medios locales